La incoherencia de algunas personas respecto a su relación con la Iglesia Católica, si no fuera por la gravedad del asunto, se podría decir que es de risa, por no decir bochornosa.
Algunos políticos que se dicen católicos y han votado a favor de la nueva ley del aborto, en el momento en que los obispos les han advertido que están en pecado público y no pueden ser admitidos a la Sagrada Comunión se han cogido la típica pataleta infantil que cogen los niños cuando alguien les regaña porque se han portado mal.
La Iglesia no obliga a nadie, ni a recibir los sacramentos, ni a cumplir los mandamientos ni a hacer obras de misericordia si no se quiere. El que está en la Iglesia es, única y exclusivamente, porque quiere. Lo único que dice la Iglesia es que si se quiere ser católico hay que cumplir con las enseñanzas y los mandamientos de la Iglesia, sino, no te llames católico: puedes abandonar la Iglesia cuando quieras. Lo que no puede ser es decir que soy católico y vivir una vida pagana y luego pretender que nos den palmaditas en la espalda y nos digan lo bien que lo hacemos todo y lo majos que somos; que sigamos así, que haciendo lo que nos dé la gana nos vamos a ir al cielo lo mismo. Queremos una religión a la carta, hacer lo que me apetece, cuando me apetezca y que no me digan que hago nada mal porque si no me hago ateo. Pues con tan poco fuste, mejor hazte ateo, que estarás más cómodo. Nadie ha dicho que ser católico sea cómodo. Lo que no puede ser es "estar en Misa y repicando".
La Iglesia no puede cambiar la doctrina de Jesucristo. Y lo que hace dos mil años era matar, sigue siéndolo ahora, y lo que hace dos mil años era fornicar, robar, mentir y maltratar sigue siéndolo ahora. La Iglesia no es una institución humana y por lo tanto no puede ir con los tiempos, es universal. Quien crea que la Iglesia debe amoldarse a los tiempos, sencillamente, no se ha enterado de nada.