"Entre la conciencia, la ideología y la obediencia a la disciplina de su partido, el PSOE, el presidente del Congreso lo tiene claro: lo primero es el partido" decía en un artículo Manuel Cruz. Así, si el partido dispone que hay que votar "sí" a la ley del aborto libre, José Bono, que se dice católico de puertas adentro, dice "sí" porque su conciencia no cuenta. Es más: no parece tener conciencia. Y si le queda algún resquicio de ella, la gran justificación que alega la tercera personalidad en rango político del Reino de España, es que no está en disposición de imponer su código moral. Otra cosa es, claro está, el código político: eso si se puede imponer...
También empieza a estar molesto con el tema y para que no se le vuelvan a hacer más preguntas de este tenor, el señor Bono ha dejado bien clara su opinión a propósito del "voto de conciencia": por un lado, que eso "ya está desterrado" y, por otro, que quien tenga conciencia, que se la guarde para sí y abandone el escaño que ocupa. ¿Quiere lanzar con ello un reto a los diputados socialistas que se oponen a la ley del aborto? Es posible pero, como aviso a navegantes de dos aguas, Bono ha garantizado que su voto, "como un voto de los socialistas, está con mi partido y mi opinión está también con mi partido, diciendo lo que pienso, pensando lo que digo, y diciendo que sólo desde posiciones ultramontanas se puede creer que el asunto del aborto es algo ideológico". Si no es ideológico ¿es acaso científico? ¿Acaso es ético? Sr. Bono