El líder de uno de los dos partidos políticos que participaron en la manifestación del domingo afirmaba ante las cámaras, sin inmutarse, lo siguiente: "el PP y el señor Núñez Feijoo tienen que oír el mensaje que les manda la sociedad gallega, tienen que cambiar su política". Alucinante: se juntan en Santiago el equivalente al 15% de los votantes del Bloque, y eso ya les parece motivo para que la Xunta tenga que hacer lo que ellos quieran. Pues demuestran poca aceptación del espíritu democrático.
Con un poco de conocimiento sobre nuestro sistema político y social se puede saber que el Gobierno es elegido democráticamente en elecciones al Parlamento, que van precedidas por unas campañas electorales donde los Partidos hacen unas propuestas a los ciudadanos, y éstos acuden a las urnas para elegir a los que durante 4 años legislarán y gobernarán.
El PSdG y el BNG hicieron una firme apuesta por la galleguización lingüística durante su anterior gobierno; pero a muchos ciudadanos gallegos nos pareció que había mucha imposición, y votamos mayoritariamente a otros partidos, PP y UPyD, que proponían en sus campañas un regreso al respeto a los derechos de los castellano-hablantes.
Nadie en la manifestación dijo que quería libertad, o que los gallegos no pueden ser discriminados por elegir cualquiera de las dos lenguas oficiales, o que los niños tienen derecho a ser educados en su lengua materna, como establece desde 1983 nuestra Ley de Normalización Lingüística, en su artículo 13. Artículo que, supongo, todos los manifestantes del domingo quieren que siga sin poder ejercerse, amenazando con actos violentos y huelgas si se aplica, por lo que están defendiendo la ilegalidad. Sólo en las repúblicas bananeras y golpistas se puede gobernar con gritos y manifestaciones. El pueblo gallego votó el 1 de marzo, y Feijoo debe cumplir lo que prometió y lo que queremos sus votantes, no lo que quiere una parte de la oposición, la que propugna el monolingüismo en gallego, por la fuerza. El Bipartito tuvo su oportunidad y ahora se creen que lo que no ganaron en las urnas lo pueden ganar en la calle. Pues no.