Se dan ustedes cuenta de la cantidad de legislación existente vigente que regula nuestras vidas cotidianas: Leyes de Seguridad Vial, Medio Ambiente, Seguridad Laboral, Sanidad, Leyes Fiscales, Bandos, Normas, códigos, etc. De ámbito nacional, autonómico o local e incluso de ámbito internacional.
Esto es así, ya que si no sería imposible regular la vida social convirtiendo nuestras ciudades y nuestra vida en un caos.
Hasta ahí todo bien. El problema surge cuando se vela por el cumplimiento de todas estas normas y leyes; ya que se supone que son las propias autoridades y ciudadanos los encargados de ello, pero si los ciudadanos fallan, ¿qué pasa?
Así, por ejemplo, si un ciudadano no recoge las cacas de su perro en la calle, si estaciona su coche encima de un paso de peatones, en una curva impidiendo la visibilidad, en una zona de carga y descarga, etc., si una empresa de construcción no señaliza o toma las debidas precauciones para evitar molestias o accidentes, incumpliendo la normativa; si uno tira la basura o deposita objetos en la vía pública, y así etc.
A mi entender las autoridades, a través de sus inspectores y policías, son insuficientes o ineficaces. Hagan ustedes la prueba. Basta con sentarse y esperar a lo largo de todo un día en alguna de las calles o plazas para comprobar cuántos agentes de la autoridad se ve velando por el orden, por lo que no me extraña que cada vez haya más insumisos que se sumen al todo vale y al incumplimiento de las normas y leyes, puesto que los que no respetan esas normas se benefician doblemente: primero, por el cumplimiento por parte de otros se benefician de los beneficios que le aportan y segundo, al no incumplirlas ellos se benefician también.
(Así por ejemplo si yo recojo las cacas de mi perro, si no aparco en doble fila o en las zonas de carga y descarga, y me esfuerzo cumpliendo como un ciudadano ejemplar, estoy beneficiando también al mal ciudadano que, a la vez, se beneficia de aparcar donde yo considero que no se puede, de mantener limpia la calle para que él pueda pasear con su mascota y no molestarse en ensuciarla al no recoger él las suyas).
Así pues, estoy pensando en declararme objetor de normas y beneficiarme también de los demás, ya que es lo más cómodo y rentable en comparación con el riesgo asumido.