Desde hace ya bastantes años en que se desató un afán proteccionista de la naturaleza, en mi modesta opinión desaforada, en lo que respeta a la protección de especies salvajes; que están bien como reserva en zonas de alta montaña, pero no en zonas donde la actividad agrícola y ganadera, que es lo que verdaderamente protege a la naturaleza, desarrolla sus benéficas actividades.
Es penoso ver como los lobos y otras alimañas salvajes causan estragos en la ganadería; y jabalíes, hurones y otros animales causan daños en la agricultura, dejando en la desesperación a ganaderos y agricultores al ver como el fruto de un trabajo se viene abajo de la noche a la mañana.
De nada vale las posibles compensaciones que puedan recibir (por lo regular, o no llegan, o llegan muy tarde, después de cubrir mil trámites, y siempre en una cuantía pésima) cuando lo que duele es ver el fruto de su trabajo absolutamente estragado causando un desánimo que termina por causar la decepción y el abandono de estas actividades, contribuyendo a la despoblación masiva de estos pobladores que tanto contribuyen a la conservación de la naturaleza y su equilibrio ecológico.
Estos son los auténticos ecologistas; no los que presumen de ello a golpe de pancarta, y que ha hecho de esa actividad una profesión bien lucrativa por cierto.
En otros tiempos se autorizaban batidas para controlar la proliferación excesiva de todo tipo de alimañas, dando siempre prioridad a la actividad de ganaderos y agricultores, manteniendo alejados de sus explotaciones a estos terribles depredadores, que están bien para exhibir en documentales televisivos e cinematográficos, o en revistas especializadas pero, no para sufrirlos los pobladores del rural que no ganan para sobresaltos y que sin no se pone remedio a este estado de cosas aún acentuarán más el éxodo del campo a las ciudades, dejando que el campo se vaya convirtiendo en pocos años en un inmenso erial, una maraña de zarzas y maleza, más impenetrable que la jungla tropical, y un auténtico polvorín para pavorosos incendios forestales.
A ver si esta nueva Xunta tiene la valentía de afrontar el problema y ponga las cosas en sus debidos límites. Creemos que lo hará por que se la ve más libre de complejos... O así lo esperamos. Los anteriores Gobiernos no ha querido a no han sabido enfrentar el problema, presionados por esos "pseudocologistas" que dan prioridad a los animales salvajes sobre los intereses de las personas que viven en el rural, que solo por vivir en un medio tan precario ya debían tener una subvención, y no ver exterminados sus ganados y cultivos, que son la base de su sustente y de la conservación ecológica del entorno en nuestra querida Galicia.
Esperamos que de una vez se afronte el problema y se defiendan los intereses de nuestros paisanos y los animales depredadores se les mantengan donde tienen que estar.