Como Párroco de las muy dignas comunidades de Santa María de Baredo y Santa Mariña de Baíña, quiero a través de estas páginas decanas del Faro de Vigo, cuando se aproxima la fecha de marcharme a otro destino pastoral, pedirles perdón por contribuir defectuosamente a la fraternidad y a la comunión. Perdón a los que con mis palabras, gestos o indiferencia haya podido herir o ahuyentar de la Iglesia, mostrando falta de amor. Perdón si por quedar bien no supe o me ha faltado valor para defender lo que la Iglesia nos pide llevar a cabo por fidelidad a Cristo, aunque ello suponga incomprensión sin pretender por ello despreciar a nadie. Pido perdón por buscar la autocomplacencia de los conocidos y evitar la intemperie de los que no están tan cerca o de los que uno estaba lejos. Perdón por no haber sonreído más con los que estaban alegres, por no haber llorado con los que estaban rotos por el dolor.
Pido perdón al Padre de los astros, en el que no hay sombra ni fases, por medio de su Hijo Jesucristo en el Espíritu de ambos para que me muestre su rostro de paz y les conceda a estas benditas parroquias seguir hacia adelante trás el verdadero peregrino, Jesucristo, que perdonó en la cruz a sus enemigos porque sólo así podía ser fuente de vida para todos.