Hace unos días envié una carta a su periódico indicando un punto de la carretera nacional 550 que se encontraba en evidente estado de abandono. Quiero agradecerle tanto a usted como al responsable de su limpieza el haber remediado este problema y además esto me anima a seguir solicitando soluciones a través de esta página.
En Oia carecemos de tantas cosas que casi se podía denunciar a este ayuntamiento por inconstitucional. Creo que por fin (modestia aparte) he encontrado la panacea a tantos y tan distintos problemas.
El plan general de ordenación urbana, sin él es imposible mover Oia, la traída de agua municipal, la reforma del escaso centro de salud, la depuración de residuales, lo único que se está haciendo es enterrando subvenciones. El fabuloso monasterio que si no lo evitamos acabará convirtiéndose en el Partenón gallego.
Se podría hasta solucionar el sistema de salarios de los concejales como el de la concejala de cultura, que para una vez que se organiza un acto cultural en Oia, se olvida de asistir (dos años ya, cobrando media dedicación) y la agenda cultural de Oia se escribe en un papel de liar. También se podría solucionar el problema del percebe, tanto kilómetros de costa, rica en este crustáceo cirrópodo y están repartidos entre cofradías foráneas. Hasta se podía conseguir la ansiada bandera, llevamos años intentando tener una propia, en alguna ocasión hemos utilizado la de nuestra vecina A Guarda, para disimular el mástil vacío.
No sigo porque la lista sería interminable: televisión, telefonía, Internet, deportes, paro, naves ilegales, emigración juvenil, María de Oia (se está planteando hacer una denominación de origen) etc.
Todos estos problemas se podrían solucionar, el procedimiento lo aprendimos del acalde de una pequeña localidad italiana. A un vecino le acababa de tocar un premio muy grande en la lotería, el récord de Europa y el regidor le pedía que colaborase con él en solucionar los muchos problemas que tenían.
En Oia, con sus 82 km2 sólo hacía falta convencer al funcionario de turno para que nos dejara poner una de esas maquinitas expendedoras de fortuna. Es el primer paso para que Tuke, diosa fortuna, nos sonría.
No es normal que en un ayuntamiento de los más grandes de Galicia no tengamos ni donde sellar una quiniela, se supone que este es un servicio del Estado al que todos los ciudadanos tenemos derecho.
Si vemos que este sistema no funciona, sólo nos queda rezar, porque en Oia los políticos, sean del color que sean, van a ser siempre lo mismo.