Érase una vez una ciudad, a la que llamaban Vigo, en la que vivía una joven alegre y responsable.
Cierto día la contrata el ayuntamiento de su ciudad como peón electromecánico. Nunca había hecho algo parecido, pero todo se puede aprender y vale de experiencia (¡y qué experiencia!).
Comienza muy bien, buena cuadrilla, la acogen como uno más. Pero cierto día se tiene que deshacer de un compañero con las manos largas. Lo comenta con el oficial superior que le dice que "¡qué esperabas, tienes tetas!" (aquí poner cara de incredulidad).
Otro día, un sesentón montuno le grita y le amenaza, mientras ella hace su trabajo y él mira. Como sea que aguanta y lo ignora, este personaje acude a su amiguete de tazas, el capataz, con las siguientes acusaciones: "Esta chica se acostó con uno de los operarios e intentó seducirme". A traición, la aparta del servicio y consigue que la manden a servicios de limpieza. Para esta joven de sólo veinte años, el mundo se le cae encima, se deprime, llora… enferma y cae de baja. Ya no está alegre.
Sin embargo lucha por su puesto, pone los hechos (aquí viene lo mejor) en conocimiento del Departamento de Personal de la Concejala de Igualdad y del propio Alcalde, vía Registro.
La historia empieza en mayo y estamos casi en agosto. Al menos estoy aquí, otras acosadas se pierden en el camino.
Moraleja: dos años trabajando por Vigo, pero de espaldas al contratado eventual dentro de su propia casa. Ella trabajaba para Vigo, pero era una mujer en un mundo de ¿hombres?