El miércoles día 1, hacia las 13.45, tuve la oportunidad única de asistir como espectador de primera fila –sentado en una terraza situada frente al edificio de la Xunta de Galicia- a una obra de teatro real, no de ficción, protagonizada por el individuo Antolín Alcántara, a la sazón Secretario de Negociación del sindicato CIG del Metal.
Cuando todos los huelguistas abandonaron la zona de la Xunta, tras una breve concentración, con propaganda "móvil" incluida del sindicato CIG, unos pocos -20 ó 30-, con pinta de sindicalistas de los que no dan golpe con el soplete y cobran con más lujo que un funcionario, se quedaron a charlar y tomar unas cervezas reponedoras. En esto estaba cuando escucho y veo a dos sujetos enzarzados en una discusión violentísima que resumo educadamente: -"¡No tienes coj…! " –"¡Sois unos hijos de…!", y tal y cual. Varios de los compañeros-guardaespaldas de Antolín se lanzaron a separarles, así como los del oponente, un tal Pichi, o Pachi (el tío tiene un guantazo que…, ya lo creo).
Pude escuchar dos frases que me pusieron los pelos de punta: una de Pachi, o Pichi: -¡Te voy a meter la cabeza en el bolsillo! (a Alcántara). La otra, aún más patética por más realista, procedente de otro que andaba por allí: "-¡Estamos todos ya en la pu.. calle, a ver de qué vamos a comer!
Final de la historia: Alcántara, el de la CIG, se sentó en una mesa con su grupo a rematar faena y triunfó con unas birras. Pachi, o Pichi, en otra, ya más tranquilo y también con los suyos, en similar actitud reponedora.
Personalmente siento infinitamente las dramáticas consecuencias que, sin duda, sobrevendrán por la egoísta, soberbia e insensata actuación de ciertos zánganos dirigentes sindicalistas, con sueldo asegurado y sin dar palo al agua. Los cataplines toca ponerlos ahora y sin cobrar junio, para pagar la hipoteca, la letra del coche, la tarjeta de crédito, y explicarle a la parienta que, con precios más bajos que el año pasado, uno no va al curro porque pide un 5 ó 6% de incremento salarial. Y aquí estamos los pequeños y medianos empresarios, los autónomos, con los negocios cerrados y, muchos, ya embargados.
Falta de madurez y responsabilidad. Es lo que hay.