Cualquier persona que tenga unos mínimos conocimientos de urbanismo, sabe que las humanizaciones se incluyen en el concepto moderno del derecho a la ciudad y que por ello, técnicamente, deben figurar en los Planes Generales dentro del Plan de sede.
Dichas consideraciones se entrelazan y, a su vez, justifican que las humanizaciones estén planificadas en el PXOM, ya que así se conocen sus localizaciones, se programan sus dimensiones y se garantiza el derecho de los vecinos a la información y a su defensa.
Nada de lo expuesto se ha cumplido en Vigo y así las llamadas humanizaciones se han hecho sin la menor planificación, por sorpresa y a boleo y finalmente se han extendido a toda la ciudad como si se tratasen de una auténtica necesidad.
Nadie está en contra de reformar alguna de nuestras calles, pero lo que sí debe decirse es que humanizar no es tan sólo estrechar la calzada y ampliar las aceras, como se está haciendo en nuestra ciudad, y que al generalizarse convierten a Vigo en una ciudad de callejas, volviendo a la Edad Media y por ello cada vez son más los vecinos que protestan.
Nuestras humanizaciones no han tenido en cuenta que vivimos en el siglo XXI y que en él los vehículos a motor son instrumentos imprescindibles para el trabajo, para el ocio, para trasladar a accidentados y enfermos, perseguir a los delincuentes y apagar los incendios, en consecuencia, la ciudad no puede ser una trampa para todos ellos.
Hoy muchas de nuestras calles se han convertido en conflictos circulatorios, basta con que baje una persona de un coche para que se forme un tapón; tapón que se aumenta si la persona es una anciana o impedida físicamente y piensen ustedes qué ocurrirá si un coche, un autobús o un camión se estropean, la paralización puede ser enorme y entre tanto, ¿qué harán las ambulancias, los bomberos o la policía?
Por lo expuesto es mi modesta opinión que, antes de ponerse a picar más de uno debería pararse a pensar.