Concepto de vida: la biología define este concepto como algo que nace, crece, se reproduce y muere. Para que se cumpla este ciclo algo a que se llamó "semilla" tendrá necesariamente que ser fecundada y sembrada. Durante años este ciclo fue absolutamente natural, casual o espontáneo.
El hombre, este ser misterioso que surgió también de una semilla, respetó este ciclo sin sentir necesidad de intervenir.
Podría seguir siendo así, pero la realidad es que el ser humano ha interferido de tal manera en todo este ciclo que es utópico pretender saber el efecto de esta intervención.
La vida hoy es: un útil que usamos y tiramos como nos conviene, condicionada a intereses individuales o colectivos, catalogada por valores culturales totalmente contradictorios. ¡Con precio! Alto o bajo, dependiendo de la clase social que se pertenezca.
¿A quién realmente importa el aborto? ¿Cuántas vidas ayudamos a destruir cada día? Los profesionales (o no) que practican el aborto lo hacen única y exclusivamente para ganar dinero. ¿Cuántos destruyen un poco su vida en trabajos que apenas llegan para alimentarse? ¿Cuántos sin hacer nada llenan sus cuentas? ¿Acaso un ministro o presidente puede conseguir que la diferencia salarial entre un minero y un futbolista sea menos injusta? ¿A quién le importa esto?
Es evidente que es mucho más sencillo hacer una pastilla que destruya la semilla de la vida que ayudar a conseguir las condiciones básicas para que la vida vuelva a su ciclo natural.
Conozco la especie humana, pero no sé donde están las personas.
Noticias como esta que permiten cuestionar y decidir el derecho o no a la vida, que generan enfrentamientos y duran mientras salen en primeras páginas, pero después se olvida, me lleva a preguntar: ¿A quién le importa el aborto si a casi nadie le importa la vida?
Soy madre de ocho hijos. Cuatro hijos de 22, 20, 19 y 9 años y cuatro hijas de 17, 15, 14 y 10 años. Educar a ocho hijos es una responsabilidad difícil y complicada, a veces imposible porque falta apoyo de la sociedad en general y de la ley en particular.
Educación sexual es la asignatura pendiente de casi todos los padres, primero por que no la tuvimos (en nuestra juventud casi todo era tabú y vergonzoso), después porque ganar confianza en diálogo entre padres e hijos para hablar de temas como estos no siempre se consigue.
En la adolescencia casi siempre las cosas se hacen sin consecuencia, es complicado pedir a nuestros hijos que disfruten de su libertad sexual con respeto y dignidad. Los ambientes, la noche, las sustancias, el todo es tan fuerte que el mantenerse firme, responsable y seguro puede ser difícil.
Nosotros, los adultos estamos sirviendo en bandeja a nuestra juventud toda una gama diferente de tentaciones ¿cómo podemos pretender que no caigan en ellas?
Con pastilla o no, la práctica del aborto seguirá siendo sin duda otra realidad más de nuestras vidas.
¡Inculcar en la juventud responsabilidad, respeto, valor al esfuerzo y al trabajo… debería ser un proyecto de ley. Como este aún no existe, intentemos nosotros los adultos aplicar coherencia y sentido común, evitando seguir ofreciendo más cosas en bandeja!