Navidad

Félix J. Eguía Budiño
Vigo

 

La vida humana es un axioma. Una prestación. No se puede tratarla libérrimamente ni atentarla mínimamente. Conlleva unos principios universales a los que no tiene acceso la ciencia en su multiplicidad de aspectos. El contrario de la vida es la muerte. La eutanasia amiga con la muerte. Una posible legitimación tendría los mismos resultados que una acción terrorista pero más refinadamente. Si por un “acaso”de interés político acorde con su ideología lograra por vía de estraperlo jurídico su legalidad, se cometería un grave error del entendimiento. Asimismo es un descaro intolerable publicar que es un deseo mayoritario de la sociedad su aplicación. La consabida frase:“Yo hago de mi vida lo que quiero”no tiene sustento racional. Diría que va contra la lógica más elemental. La libertad humana no es omnímoda. Para que tuviera valor esa desdichada expresión de independencia total tendría antes que responder a esta otra: “Yo soy, yo vivo porque quise”, entonces toda la responsabilidad recaería sobre esa persona. Esta charlatanería de políticos liberales y pseudo científicos por implantarla, evidencian una carencia de valores morales como se desprenden de lo que sigue. Una mínima espita de consentimiento legal de la eutanasia crearía el grave peligro de la extensión criminal a muchos otros casos por muy bien que hilaran la causa los juristas. No se me ocurre que sea temática parlamentaria. Por eutanasia se entiende la provocación de la muerte por compasión. No me extiendo más. La eutanasia no deja de ser una usurpación del derecho sobre la vida humana dependiente de otra voluntad, no de la propia. Está, pues, absolutamente prohibida por la ley moral natural, como es el caso del suicidio, el asesinato. Para esa gente que conoce o vive un caso aislado –aunque la ciencia médica ya cuenta con medios de alivio del dolor– y que proclaman la pronta legalidad de la eutanasia, habría que decirles si aceptaría que se aplicara a países enteros donde mueren de hambre y a media humanidad donde la miseria agudiza el dolor de las vidas de millones de personas por una evidente injusticia humana. Navidad nos envía un mensaje de esperanza de la vida y del dolor con la encarnación del Verbo.Alguna trascendencia debe tener el dolor cuando el Hijo de Dios sabedor de lo que le esperaba, ni evitó la vida humana ni solicitó un arreglo para no morir en la cruz. Hay materias que no se pueden interpretar desde un sentimiento agradecido pero contrario a la razón. No es el país un modelo de preocupación por el humanismo, realidad llorada por la Generación del 98, y cuando se habla de la eutanasia antes hay que congraciarse con la filosofía de la vida, cuál es su estructura, origen y finalidad. Si los que abogan por la eutanasia ofrecen un paraíso que es la nada, apliquemos la teoría hitleriana y exterminemos a los locos, a los lisiados, a los cancerígenos, al tercer mundo y al cuarto mundo al tiempo que de un plumazo se resuelve el problema de la crisis a escala mundial. Navidad es sensatez y amor a la vida.

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