A cada uno lo suyo

 

José Manuel Castro Quinteiro - Vigo

El pasado 2 de junio tomó posesión de su cargo el nuevo Director General de Asuntos Religiosos, hasta ahora responsable de la Fundación Pluralismo y Convivencia, creada por el gobierno socialista para colaborar con las confesiones religiosas minoritarias. En el acto intervino el Ministro de Justicia, quien señaló como una de las líneas de trabajo a seguir el caminar hacia la igualdad de todas las confesiones religiosas.
En estos momentos, además de la Iglesia Católica, en España están reconocidas como religiones de notorio arraigo siete confesiones religiosas: Islámica, Evangélica, Judía, Ortodoxa, Testigos de Jehová, Mormones y Budistas.
Ahora bien, hay arraigos. No se puede poner al mismo nivel, por ejemplo, el arraigo de los budistas afincados en España que el de los católicos españoles. Como tampoco es equiparable el arraigo de los católicos con el de los budistas en el Tíbet.
La justicia no consiste en dar a todos igual, sino a cada uno lo suyo. Contra lo que pudiera parecer a primera vista, el principio de igualdad no exige necesariamente que todas las religiones reciban un trato idéntico por parte del Estado, ya que la verdadera igualdad reclama un trato desigual cuando los supuestos son desiguales. El principio de igualdad ha de ser aplicado en clave de justicia distributiva, que tiene en cuenta los datos diferenciales de ámbito social de las diversas confesiones religiosas. De lo contrario, el Estado dejaría de ser neutral. No es injusto, por tanto, que las religiones más asentadas y arraigadas reciban un trato preferencial, siempre que esto no redunde en una discriminación real para los demás religiones.
Medir a todas la religiones por el mismo rasero sería como crear una talla única, y cortarle la cabeza a todo el que mida más de un metro ochenta. Rebajar el estatus de la Iglesia Católica en España para situarlo al nivel de las otras religiones no parece que sea el camino más justo ni acertado. Ya en 1931 Alcalá-Zamora y Azaña se atrevieron a formular un diagnóstico sociológico afirmando que España había dejado de ser católica. Una encuesta publicada por el diario ABC el 9 de mayo de 2005 arroja los siguientes datos: el 82% de los españoles se siguen declarando católicos; el 17% no creyentes; y el 1% pertenecientes a otras religiones.
Hay que tener en cuenta además que el arraigo no responde a parámetros meramente cuantitativos, sino también cualitativos, como son, por ejemplo, factores históricos y culturales de una determinada población. Es preciso asimismo discernir las diversas características de cada una de las confesiones religiosas, y tener en cuenta que no todas tienen las mismas pretensiones jurídicas frente al Estado.
Por eso, a cada uno lo suyo, y todos en paz.

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