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Eduardo Lagar

Soy periodista de LA NUEVA ESPAÑA. Si quieres ponerte en contacto conmigo: llagar@epi.es

Sobre este blog de Galicia

Historias encontradas entre la avalancha de la actualidad


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  • 17
    Agosto
    2016

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    "Jabalí" (Cap.8): "Machete al machote"

     

    (En capítulos anteriores: Lela ha roto con su marido. Pero su vida no se ha terminado. Más bien al contrario: está cumpliendo el sueño de su vida. Gracias a los consejos de su gurú espiritual, Paulo Coelho, un jabalí que merodea por el parque de la urbanización donde reside Lela, ha conocido a otro hombre. El hombre que siempre soñó. Un como los que aparecen en las novelas románticas que Lela devora. Es un highlander, un escocés de las tierras altas. Ella lo llama McGallard, aunque en realidad es su vecino, José Manuel Gallardo, capitán jubilado de la sección de Tráfico de la Guardia Civil. Ambos ya han consumado su amor, que se prevé eterno. Pero pese a la pasión que los embriaga, unos negros nubarrones aparecen en lontananza)

     

    El teléfono sonó en la alcoba de McGallard y Lela, donde ambos permanecían adormecidos, tras el agotamiento del amor. Ella descolgó. Era Trotte, la hermana de El Innombrable, su exmarido. Apenas pudo despegar los labios. Fue arrollada por la voz rasposa de su excuñada.

    -Hola Eulalia, querida. Te llamaba  simplemente para saber de tí. ¿Sabes algo de mi hermano? ¿Ha dado alguna señal? Bueno, bah, nada, qué nos importa ya, déjalo, no se merece que le dediques ni un segundo, ya sabíamos que un día u otro iba a dejarte tirada. Eso ya lo sabía yo. Porque todos los hombres son así, lo llevan en la sangre, lo llevan dentro, Eulalia Encarnación, son unos depredadores. Es su naturaleza. Machete al machote, Eulalia Encarnación. Machete al machote. Es lo único que entienden esos salvajes. Porque está en su naturaleza opresora. Y frente a la opresión, liberación, querida, perspectiva de género, mucha perspectiva de género. Empoderarnos, tenemos que empoderarnos. ¿Te has empoderado ya, Eulalia Encarnación, querida? ¿Ya te has empoderado?

    McGallard, a su lado, abrió un ojo. Uno de sus ojos profundos como la noche del norte, como el aullido de un lobo, como… Uf, qué calores Lelita. ¿Por qué no se callaba esa cacatúa de Trotte y la dejaba a solas con su highlander para acabar de exprimirlo? Pero Trotte no dejaba de hablar:

    -Eulalia Encarnación, querida, tenemos que empoderanos. Actuar a nivel local y a nivel global, a todos los niveles y nivelas. Mira, yo este domingo voy a actuar a nivel local, voy a mostrar todo mi poder de mujer feminista y runner. Voy a salir a correr en la carrera de la mujer que organizamos las mujeres de la urbanización.

    Dios, sí. La carrera de la mujer. La última vez, al grito de “¡machete al machote!”, habían arrollado a un jubilado que paseaba por el parque. Pobre ancianito, trescientas mujeres le habían pasado por encima. Lo dejaron para el arrastre. Fue el único hombre de la urbanización que no sabía que ese día se celebraba la carrera de la mujer. Todos estaban al tanto de lo que se jugaban si se cruzaban con las chicas de Trotte y no salieron de casa.

    No. No le apetecía nada en absoluto salir a correr con Trotte y sus chicas. Menudo aburrimiento. El highlander, en cambio, sí que era un asunto entretenido. Lela ya empezaba a elaborar mentalmente una disculpa cuando Trotte, que no había dejado de hablar ni un segundo, mencionó algo que desató un escalofrío en su interior:

    -… Aunque, si te digo la verdad, Eulalia Encarnación, la organización está sopesando suspender la carrera de la mujer por culpa de ese maldito jabalí. ¿No te has enterado? Pues parece ser que ha aparecido un jabalí en nuestra querida urbanización. Un jabalí macho, que es lo peor de todo. Si al menos fuera una jabalina podría pasar, pero... Hay un jabalí macho que está acosando y acosanda a la gente. A las personas y a los hombres. Es peligroso, terriblemente peligroso. El vecindario está todo revolucionado, ha pedido al Ayuntamiento que organice una cacería para abatirlo. Y  parece ser que mañana van a salir con las escopetas. Ya te puedes imaginar, hay cola: dale la mínima oportunidad a un hombre y se pondrá a pegar tiros. Pero en esta ocasión, y te lo digo sólo a ti, tendremos que pasar por ello. No nos opondremos a que lo maten. Habrá que aceptarlo, aunque sea con las narices tapadas. Que lo cacen, que lo cacen por Dios y luego nos permitan seguir corriendo desde la perspectiva de género. Mañana mismo dicen que salen las escopetas…

    Lela no escuchó más. Aunque Trotte siguió hablando y hablando, y hablanda y hablanda, no le concedió ni un segundo más de su atención. Tenía motivos para desconectar: Virgen Santísima, iban a matar a Paulocoelho, el jabalí, su maestro.

    Miró aterrorizada a McGallard, que seguía durmiendo a su lado, con ojeras, visiblemente agotado. Aún con el auricular en la mano, con la voz de Trotte sonándole en la oreja como una cigarra molesta, Lela zarandeó a su amante hasta despertarlo.

    -McGallard, tenemos que hablar. ¿Te he hablado de un jabalí llamado Paulocoelho?

    (Continuará)

     

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