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  • LA PRIVACIDAD EN LOS MEDIOS: El caso de Internet y la televisi

    LA PRIVACIDAD EN LOS MEDIOS: El caso de Internet y la televisión

     

    Privacidad en los medios: ¿Una utopía?  

      

    La privacidad en los medios, parece haberse convertido en una utopía desde hace tiempo. Son múltiples las noticias del día, los rumores de boca a boca y las denuncias que se realizan por esta cuestión. Tal como aporta Medina (2005) no es casual que el principal punto de fricción aparecido en los últimos años entre el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo haya versado precisamente sobre conflictos entre el derecho a la intimidad y la libertad de información. Si por lo general resulta sumamente complejo perfilar reglas claras que permitan predecir cuándo una información abandona el terreno de lo constitucionalmente lícito para invadir la esfera de la vida privada, la dificultad se extrema en ordenamientos como el nuestro.   

      

    La vulnerabilidad e incluso la humillación a la intimidad en el medio televisivo está cada día más latente, normalmente de la mano de contenidos de prensa rosa o realitys show. Aunque es evidente que los participantes de este tipo de proyectos acepten y estén de acuerdo con la utilización de su imagen en situaciones poco agradables, el resultado puede ser manipulado y vulnerar la imagen de la persona que cedió sus derechos. En programas como ¿Quién quiere casarse con mi hijo? o Top Chef, ha habido quejas por parte de los concursantes, los cuales veían mermada su originalidad debido a la edición en postproducción del material. Aun así, según A. Aierbe, C. Medrano y J.I. Martínez de Morentín, mantienen que determinados géneros televisivos que mediatizan la intimidad en forma de espectáculo, a pesar de las críticas negativas que reciben, también pueden servir a los adolescentes para aprender cómo afrontar situaciones interpersonales y tomar conciencia de problemas sociales relevantes.  Se apela al derecho a la información para querer estar informados absolutamente de todo, muchas veces a costa de irrumpir en la intimidad de las personas. En opinión de Camps (2005), las vulneraciones de la privacidad pueden ser de carácter estético o de mal gusto, por ejemplo, cuando alguien vende su intimidad por dinero o por fama. Pero, sobre todo, desde el punto de vista ético, la privacidad frecuentemente se ve amenazada cuando ésta se supedita al mal entendido «interés público», concepto referido a lo que debería interesar al público y no como erróneamente se considera, a lo que de hecho las audiencias ven. Para la autora, lo que verdaderamente debe preocuparnos es la pérdida de un valor que ha sido recientemente conquistado y ha costado mucho alcanzar (Aierbe, C. Medrano y J.I. Martínez de Morentín, 2010).  

    Intimidad en las redes sociales: un derecho considerado menos importante.  

      

    Cuando pensamos en la privacidad en Internet, la palabra privacidad no se debe interpretar como intimidad o secretismo. Más bien se refiere a otra dimensión de la privacidad, es decir, a la autonomía individual, la capacidad de elegir, de tomar decisiones informadas, en otras palabras, a mantener el control sobre diferentes aspectos de nuestra propia vida. En el contexto de Internet, esta dimensión de la privacidad significa autonomía informativa o autodeterminación informativa. Internet maneja grandes cantidades de información sobre personas. Estos datos personales con frecuencia se tratan en el sentido de que se dan a conocer, se difunden, se comparten, se pueden seleccionar, descargar, registrar y usar de muchas maneras. En este sentido, la autonomía individual está en relación directa con la información personal (Terwangne, 2012).  

    No es en vano la desprotección que existe en la red; los más vulnerables suelen ser los menores y las mujeres; así como otros colectivos marginados; los homosexuales, transexuales o bisexuales, a los que se chantajea de forma vejatoria con sus propias fotos o vídeos eróticos en redes sociales y/o programas de mensajería instantánea.  Pero lejos de esos casos tan escandalosos, existe otra vulnerabilidad al derecho a la privacidad menos conocida, dándosele menos importancia de la que se merece. Hablamos de la explotación a la que sometemos nuestra intimidad en las redes sociales, muchas veces, en su mayoría, sin saberlo. Gratuitamente le estamos dando a las marcas y a las grandes industrias lo que antes costaba miles y miles de euros. Les decimos qué nos gustan de ellas y qué no, les decimos dónde vivimos, qué estudiamos, de dónde somos, exponemos nuestro correo, nuestras fotos, nuestras relaciones, contamos qué bebemos los fines de semana, qué tienda de ropa veneramos; qué vida tenemos. Por ejemplo, en Internet, las llamadas cookies, sistemas de rastreo que almacenan información sobre las navegaciones que realiza cada internauta, son una herramienta fundamental para agencias de publicidad y anunciantes. Los datos que suministran las cookies (visitas repetidas, palabras clave, producción en internet) permiten elaborar perfiles de consumidores y, posteriormente, confeccionar mensajes publicitarios personalizados, lo que en la jerga publicitaria se conoce como behavioral advertising (publicidad basada en el comportamiento) (Albornoz, 2011).  

      

    Pero si bien alguien vulnera nuestra privacidad dentro del mundo de las redes sociales, ese es Facebook, que con nuestro permiso habiendo aceptado sus condiciones, cambió hace poco la configuración de privacidad de los usuarios; esto se tradujo en que cualquier persona que accediese a tu perfil podía observar tus datos.   

    La opción de eliminar la cuenta o el perfil de Facebook no es suficiente para llevar a cabo el derecho al olvido deseado por muchos. Según Facebook, en su Política de uso de datos expone “Algunas cosas que haces en Facebook no se guardan en tu cuenta, como las publicaciones en grupos o el envío de mensajes (por ejemplo, un amigo tuyo puede conservar mensajes que le hayas enviado, incluso después de que hayas eliminado tu cuenta). Esta información no se borra al eliminar la cuenta.”  Es decir, aunque nuestros contenidos no sigan siendo públicos, los comentarios o contenidos escritos y/o colgados en el muro de nuestros contactos sí seguirán en línea porque se consideran que éstos pertenecen a otra persona. Además, tal como publica 20 Minutos en su página online; tampoco esquivamos la posibilidad de que alguien pueda hacer capturas y conservarlas en forma de imagen. Es por ello, que muchos colectivos comenzaron a realizar querellas contra grandes grupos con el fin de alcanzar el ansiado derecho al olvido. Con la insistencia de estas asociaciones se consiguió la resolución del famoso caso de la sentencia del Tribunal Superior de Justicia Europeo, que dictó el derecho al olvido como un derecho universal.  En este sentido tenemos el caso de Google, donde la AEPD abrió una sanción en su contra para que eliminase de su motor de búsqueda aquellos enlaces que pudiesen perjudicar a las personas, y que además no tienen interés público alguno; el llamado “derecho al olvido”. De hecho, las autoridades europeas se dirigieron en mayo a Google, Microsoft y Yahoo! para que limitasen a seis meses como máximo la conservación de las búsquedas de Internet.  

    Sin embargo, ejercer este derecho no supondrá la eliminación de toda la información en Internet; tal como dice Ontañón (2014), solicitar eliminar los datos ante un buscador no supone la eliminación de los documentos, archivos o hemerotecas digitales de donde proviene la información, que se mantendrán inalterados salvo que se solicite expresamente a ellos la retirada de los contenidos.  

    Por tanto, la privacidad está cada vez más expuesta y, en ocasiones, ni siquiera se exige un comportamiento intencionado por parte del usuario para hacerlo. El rastro que deja una persona al moverse por Internet constituye por sí mismo una pieza de información valiosísima, que permite la oferta de servicios adaptados a las particulares circunstancias del usuario y que sin duda desvela nuestra vida privada, gustos, preferencias, fotografías, viajes, foros, conversaciones etc. Resulta destacable el hecho de que 1 de cada 10 usuarios, esto es el 9,1%, al realizar una búsqueda de su nombre en Internet encuentra fotografías o videos etiquetados con su nombre (Gil, 2013). Quizás, otro factor bastante preocupante en la sociedad actual, respecto a la falta de privacidad que existe en Internet, es la desprotección que sufren los menores. Es conocida la operación “Piopio”; donde resultaron imputadas seis personas, de las cuales cuatro eran menores de edad. Tal como publica el diario regional La opinión de Málaga, la operación comenzó cuando una menor de 13 años de edad interpuso una denuncia en la que manifestó que circulaban imágenes suyas que afectaban a su intimidad a través de WhatsApp y en la red social Twitter. El modus operandi empleado por los jóvenes implicados es conocido como “Sexting”, que consiste en la distribución de imágenes con contenido sexual sin consentimiento de la persona afectada, rompiendo así la cadena de privacidad. Esta práctica ha llegado a producir algunos suicidios y muchos casos de ansiedad, depresión, pérdida de autoestima, trauma, humillación, aislamiento social, etc. Hay adolescentes que han tenido que dejar el instituto o, incluso, mudarse a otro lugar a causa de la difusión de estas imágenes y jóvenes a quienes un sexting del pasado les ha costado su empleo", asegura el doctor Carlos San Martín, Secretario General de la Academia Española de Sexología y Medicina Sexual (Baquerizo, 2014).  Ante estos graves problemas, Gil expone que la privacidad y las redes sociales es una cuestión sobre la que ya se pronunció la 30ª Conferencia Internacional de la Privacidad, celebrada en Estrasburgo, en octubre de 2008, que aprobó la Resolución sobre la protección de la privacidad en las redes sociales, al igual que el Memorándum de Roma y el Grupo Internacional de Berlín sobre protección de datos en las telecomunicaciones, de marzo de 2008.  

    Por casos como estos, la preocupación por la privacidad en internet está aumentando a grandes pasos en todo el mundo. Según el Equipo de Investigación ESET de Lationamérica, se ha realizado un  estudio que avala el aumento de la preocupación de las personas con respecto a la privacidad en Internet, es la encuesta realizada por ComRes, una consultora de investigación de Gran Bretaña. Esta investigación arrojó que de un total de 10.354 entrevistados que viven en nueve países distintos (Brasil, Gran Bretaña, Alemania, Francia, España, India, Japón, Corea del Sur y Australia), el 79% manifestó estar preocupado por su privacidad en la red. Asimismo, los países que se mostraron más alarmados por este fenómeno son India (94%), Brasil (90%) y España (90%). A continuación, se muestra una tabla que resume los principales hallazgos de la investigación. Los datos se encuentran divididos en base a los nueve países que contempló el estudio:  

      

    LA PRIVACIDAD EN LOS MEDIOS: El caso de Internet y la televisi 

      

    Más allá de casos puntuales, la tendencia global que se observa en la actualidad es hacia una mayor preocupación con respecto a cómo las empresas y los gobiernos almacenan, controlan y utilizan información privada de los usuarios en Internet.

      

    La vulnerada privacidad en el medio televisivo  

      

    En la actualidad los límites entre lo privado y lo público se difuminan fácilmente, ya que vivimos en un mundo en constante cambio, caracterizado por la falta de ideologías sólidas y por una revalorización de la cultura cotidiana. A ello contribuye en gran medida la exposición pública del ámbito privado generalmente en forma de espectáculo televisivo, especialmente a través de los «talk shows» y la «crónica rosa», géneros caracterizados por la transgresión de los delicados límites entre los espacios privados, convencionales y morales (Aierbe, C. Medrano y J.I. Martínez de Morentín, 2010). Son conocidos los casos de programas míticos de nuestro país como Aquí hay tomate (2003), talks shows como El diario de Patricia (2001) o el ya legendario reality show Gran Hermano (2000). El primer programa citado, quizás ha sido el inicio de la vulnerabilidad televisiva posmoderna de las últimas décadas, y es que por la manera agresiva con la que trabajaban, la emisora de Paolo Vasile ha tenido o tendrá que desembolsar más de un millón y medio de euros. (Fernández, 2011). Entre ellos una condena interpuesta por la Duquesa de Alba a la cual se indemnizó con unos  90.000€.  Sin embargo, no cabe duda de que son formatos televisivos basados en la muestra de las propias interioridades. El sentimiento de privacidad está sufriendo un descenso en picado, lo que motiva que nuestra sociedad no tenga ninguna vergüenza para exhibir su vida. La gente deja de ver famosos para convertirse ellos mismos en caras conocidas; es en este contexto en el que nace Big Brother, donde podemos ver 24 horas la vida de unas cuantas personas (normalmente polémicas) en una casa, realizando acciones muy íntimas; como verlas al salir de la ducha, o teniendo escenas sexuales.  

      

    Pero más allá de los reality shows,  Jaccottet (2014) asegura que no cabe duda de que estamos delante de una crisis en la libertad de expresión en las conversaciones privadas, las cuales pasan por polémicas que van desde los riesgos a la colectividad hasta la exploración de la privacidad y/o intimidad por parte de los periodistas. Es un hecho que la población tiene el derecho fundamental de ser informada, pero el derecho de informar, para los periodistas, jamás puede ser absoluto.   

    Quizás los programas amarillistas jueguen con el propio derecho y/o vulnerabilidad de la intimidad. Nos referimos a las conocidas demandas interpuestas por personajes públicos tras dar a conocer cierta información sobre ellos mismos. Arremeten contra la prensa rosa pero después se “venden” voluntariamente a estos programas televisivos, lo cual hace que nos dejen poco claro si existen pactos de por medio y si realmente se está dejando sin libertad a las personas que son expuestas cada día en televisión. Aun así, Curiel (2002) asume que la privacidad de los personajes ha sido la nota dominante en revistas de corazón, produciéndose un secuestro por parte de los medios de masa, interesados en ofrecer un modelo de prensa rosa basado en la desinformación, falta de respeto, el rumor, la mentira y la especulación.   

    La prensa del corazón parece haber descubierto un género que mezcla información con análisis, interpretación y opinión en un solo recipiente, lo cual enseña al público con toda clases de subterfugios, ajenos al periodismo serio: cámaras ocultas, grabaciones de imagen y sonido sin la autorización de los interesados, persecuciones encubiertas, supuestos testigos, que cuentan privacidades; acosos directos, investigaciones de la vida de los difuntos, historias creadas desde un punto poco o nada contrastado, pactos entre informadores e informantes alejados de la ética periodística (Pérez, 2007). Pero no solo la prensa rosa contribuye a la comercialización de la privacidad de los famosos; es notorio el pésimo papel que están teniendo últimamente los informativos, donde en la sección política se habla de la relación de Tania Sánchez y Pablo Iglesias, presentando a la primera como la “pareja sentimental” del segundo, y no como el cargo político que desempeña, en la sección de deportes se habla del enfado entre Íker Casillas y Sara Carbonero, y en cultura sobre cualquier romance de actores/cantantes etc.  

      

    En un inciso, cabe nombrar también los abruptos ataques, o más bien ciberataques que están sufriendo reconocidas actrices como Jennifer Lawrence o Scarlett Johansson las cuales vieron aireada su intimidad con archivos que guardaban en la nube o en dispositivos personales con conexión a Internet. Muchos medios televisivos, ayudaron a promover estas imágenes en vez de enterrarlas para que las actrices pudiesen ejercer su derecho a la intimidad; éstos han sido demandados por la posible ilegalidad de las acciones cometidas.  

      

    Otro de los grandes problemas que se ven hoy día; aparte de la vulnerabilidad a la intimidad a famosas/os por parte de los paparazzis, es el tema de los niños. ¿Se respeta, la imagen y privacidad de los menores de edad en España? ¿Respetan los padres a sus propios hijos cuando venden exclusivas de los recién nacidos?  Ramos Paul, psicóloga infantil, considera que no es perjudicial que un personaje público pose, por ejemplo, con su hijo cuando éste hace la comunión. "Lo perjudicial es cuando la cosa no queda ahí y se expone la vida del niño. Hay que defender los derechos de los menores que muchos padres están violando". Además advierte que la sobreexposición de los menores a la larga crea estrés en los pequeños. Para la especialista, la actitud de los padres es fundamental cuando éstos son famosos. "Hay maneras de hablar de un niño cuando alguien tiene repercusión mediática. Se puede decir: 'Soy muy feliz con mi hijo' y zanjar el asunto. Lo malo es cuando se deja entrar en la intimidad de los pequeños, en la de la familia" (Galaz, 2009).  

    A pesar de esto, cabe citar que el art. 4.3, de la Ley del menor dice: «Se considera intromisión ilegítima en el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen, cualquier utilización de su imagen o su nombre en los medios de comunicación que pueda implicar menoscabo de su honra o reputación, o que sea contraria a sus intereses, incluso (y esto es lo importante) si consta el consentimiento del menor o de sus representantes legales». Se trata, según consta en la exposición de motivos, de «proteger al menor, que puede ser objeto de manipulación incluso por sus propios representantes legales o grupos en que se mueve» (Pascual, 1996). Es por ello que ha habido polémica en algunos casos relacionados con los llamados programas del corazón; por ejemplo con la hija de Belén Esteban y Jesús Janeiro; Andrea, la cual ha visto expuesta su vida en diferentes cadenas, y aun así, tal como dice Galaz (2009) tras un mes de que el Defensor del menor abriese un proceso para que un juez proceda a dictar si la menor ha de dejar de ser un personaje público; lejos de conseguir la desaparición de la menor en los medios, la noticia se convirtió en tema de debate de todas las tertulias televisivas.   

      

      

      

      

      

      

      

      

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