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Andrea Soak

ACOUGA, morriña.

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as balas dun xornalista tradúcense en verbas que molestan.


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  • 14
    Diciembre
    2014

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    vigo Galicia

    CULTURA POPULAR

    Las primeras teorías:  

      

    1.  La teoría de la ilustración, según Adorno y Horkheimer: primeros signos en cuanto a la diferenciación de alta y baja cultura

      

    El texto a estudiar, escrito por Max Horkheimer y Theodor W. Adorno en el año 1944; se publicó originariamente con otro título; Fragmentos filosóficos.   

    Según Horkheimer y Adorno, Dialéctica de la Ilustración hace referencia “a una conciencia de la densa complejidad de los procesos que dieron lugar a la Modernidad y que ahora están a punto de superarla sin llevar consigo hacia delante sus momentos de verdad”. Podemos observar como la Ilustración para ellos, es aquello que no soporta lo diferente y lo desconocido. Esto lo ejemplificamos con el medio televisivo, el cual alberga y da voz a toda clase de culturas, especialmente a las culturas populares. Los ilustrados negarían la televisión por ser ésta una desfachatez contra la “alta cultura”, ya que el verdadero arte residía en la música de cámara y en las pinturas ahora expuestas en los mejores museos. Por tanto la ilustración de entonces se refiere a los burgueses, como una posición alta en la sociedad y unos medios económicos elevados, pudiendo así acceder a los estudios universitarios y a oficios cualificados. La dialéctica es la superación de elementos contrapuestos, hacia otras fases de esos mismos elementos; en el texto lo vemos ejemplificado en la lucha de clases. Es decir por un lado está la clase burguesa; que dice a las masas que la cultura musical, por ejemplo, reside en las óperas; el proletariado en este caso podría tener dos respuestas para completar la dialéctica; podría decir, “¿y por qué nosotros no podemos acceder a esa cultura musical?” o ¿y por qué las canciones populares no pueden formar parte de la cultura?; la dialéctica está presente en nuestro día a día. Adorno y Horkheimer lo que intentan hacer es solucionar el conflicto de la cultura de masas; ejemplificado en los medios de comunicación masivos hasta el momento.  

    Si tenemos en cuenta las bases del marxismo; que apuesta por la sociedad sin clases, por la igualdad de oportunidad para todas las personas,  compartiendo los bienes producidos socialmente, podemos deducir que este texto se incluye dentro del movimiento marxista; ya que está de acuerdo con ello. Aparte, debemos tomar en consideración el hecho de que los autores de Dialéctica de la Ilustración formasen parte de la Escuela de Frankfurt, la cual se adhería entre otros a los pensamientos de Karl Marx, el propulsor del marxismo.  

    En Dialéctica de la Ilustración la visión que se tiene de los medios de comunicación de masas, es principalmente que la cultura de masas bajo el monopolio es idéntica. Aparte, apuntan que el sueldo por ejemplo de los directores de cine, es escandaloso, por tanto la sociedad puede prescindir de estos productos, ya que puede que no salgan rentables. Por otro lado, argumentan que un medio democrático como puede ser la radio, únicamente se comporta de forma autoritaria; subordinando a los oyentes a sus programas; normalmente éstos suelen ser idénticos en cualquier emisora; excepto en las privadas que han de sobrevivir clandestinamente. Debemos añadir que se subyuga a los medios de masas a una continua repetición, reduciendo sus innovaciones únicamente a mejorar la reproducción de masas.  

    Estos medios parecen hacer un gran esfuerzo en que los espectadores o radioyentes no hagan ningún esfuerzo intelectual, y evitan cualquier cosa que pueda provocar este factor. Por otro lado se critica la producción capitalista, que subyuga a los obreros, empleados y agricultores  “encadenándolos”, dándole lo que desean y obligándoles a aferrarse a la ideología mediante la cual se les esclaviza. Los medios de comunicación de masas constituyen una industria; ya que estos generan grandes beneficios, y aunque no sea así, como es en el caso de ciertas industrias cinematográficas, los directores de largometrajes albergan ostentosos sueldos; esto es, alimentar al capitalismo arraigado.  

    La industria cultural, crea unas necesidades irrenunciables en el espectador; haciendo que éste solo pueda saciar las mismas con la propia industria cultural. La diferencia de la producción industrial cultural frente a otro tipo de producciones, viene dada por el producto final; es decir, el espectador ha de contentarse con lo que se le ofrece; en primer lugar porque todo parece ser similar, y no contentos con eso, también deben alegrarse, aceptarlo y divertirse con el producto. Es una producción industrial capitalista; donde se marca la diferencia de clases. Las fábricas estaban representadas por obreros que trabajaban sin cesar para producir ingente mercancía para exportar. Curiosamente son éstos los que luego consumían estos productos capitalistas que tanto les estaba distanciando de la clase media-alta. Este tipo de producción capitalista y “liberal” impide que los trabajadores de clase más baja puedan ascender su puesto aun teniendo grandes datos positivos laborales a su favor. Este modo de producción no hace nada más que crear nuevas necesidades de maquinaria, haciendo parones de contratación de obreros; los cuales esperan por un trabajo que nunca llegan convirtiéndose cada vez más y más pobres. No cabe duda que es una industria ya que estandariza los procesos de creación de contenidos. Esta producción cultural es la que mueve el mundo, la que crea ese engaño de masas que nutre a un capitalismo perverso. Toda esta crítica recae finalmente en la publicidad, por la cual se rigen todos estos medios de comunicación. Sin ella quizás no podríamos leer un libro o ver la televisión, así como tampoco podríamos escuchar la radio.  

    Adorno y Horkheimer contestan a esta industria cultural, alentando que no sólo se debe observar cuantitativamente sus productos, sino cualitativamente, ya que los medios deberían ser un servicio público a merced del pueblo. Para ellos la industria cultural es un engaño de masas, los espectadores se convierten en víctimas pasivas por culpa de la cultura de masas.  

    El papel de la cultura, debería estar al servicio de la democracia, por tanto ésta debería democratizarse, además de ser un servicio público como decíamos antes; ya que con el sistema capitalista se tiende a una homogenización de la cultura. La cultura como tal, debería servir para que la humanidad avanzase a lo largo de la historia, esta debería ayudar a la creación de unas ideas propias y únicas en cada persona, sin que perjudique su concepción industrialmente. Tener una mentalidad libre sirve, para que a la hora de la verdad no esté sometida al capitalismo. Se dice que la opinión del pueblo es la más valiosa, de hecho si el pueblo se niega a comprar X objeto, el tal objeto no tiene futuro; pero la mentalidad capitalista hace que tengamos la necesidad de obtener ese producto.  

      

     

     

    Nuevas corrientes  

      

    1.  En contra de las ideas de Adorno y Horkheimer: una defensa al estudio de la cultura popular.

      

    Según García (1987)  en Europa, el estudio de lo popular no era, hasta el siglo XVIII, un interés de las personas "educadas". Les fascinaban a veces las culturas de pueblos lejanos (celtas, indios americanos, negros del África), pero la información sobre sus costumbres fue producto de una curiosidad errática y tarea de anticuarios. En el XIX, la formación de estados nacionales, que trataban de unificar a todos los grupos de cada país, suscitó interés por conocer a los sectores subalternos para ver cómo se los podía integrar. En la misma época, los románticos impulsaron el estudio del folclore exaltando, frente al intelectualismo iluminista, los sentimientos y las maneras populares, de expresarlos; ante el cosmopolitismo de la Literatura clásica, las situaciones particulares, las diferencias y el valor de la vida local. Sólo a fines del siglo XIX, cuando se fundan sociedades para estudiar el folclore en Inglaterra, Francia, e Italia, lo popular entra en el horizonte de la investigación. Bajo las exigencias científicas del positivismo, se buscó conocer empíricamente los mitos y leyendas, las fiestas y las artesanías, los hábitos y las instituciones. Pero las frondosas descripciones casi nunca trascienden la enumeración y el catálogo, no llegan a explicar el sentido de lo popular al no situarlo en las condiciones generales de desarrollo socioeconómico. Además los estudios sobre comunicación masiva se han ocupado de lo popular desde el ángulo opuesto. Para los comunicólogos, lo popular no es el resultado de las tradiciones, ni de la personalidad "espiritual" de cada pueblo, ni se define por su carácter manual, artesanal, oral, en suma premoderno. Desde la comunicación masiva, la cultura popular contemporánea se constituye a partir de los medios electrónicos, no es resultado de las diferencias locales sino de la acción homogeneizadora de la industria cultural.  

    A la noción política del pueblo como instancia legitimante del gobierno civil, como generador de la nueva soberanía, corresponde en el ámbito de la cultura una idea radicalmente negativa de lo popular, que sintetiza para los ilustrados todo lo que éstos quisieran ver superado, todo lo que viene a barrer la razón: superstición, ignorancia y turbulencia. (Martín-Barbero, 2003).  

    Los teóricos alemanes, critican duramente la “baja cultura”, tachándola de capitalista, homogénea, manipuladora e incluso inútil si atendemos a la crítica que realizan sobre los escandalosos sueldos de los directores de cine subvencionados por el Estado. No solo los teóricos alemanes arremetían contra la cultura de masas, Federico Fellini ya pronunció la frase de “la televisión es el espejo donde se refleja la derrota de todo nuestro sistema cultural”.  

    Sin embargo, la cultura popular, tiene derecho a ser estudiada, teniendo en cuenta que es la cultura que pertenece a gran parte del mundo. Creo que la principal crítica que aportan Adorno y Horkheimer es que la cultura popular está dentro de lo que se conoce como cultura de masas; pero ¿no tiene derecho un contenido a pertenecer a la cultura popular, y además a ser estudiado como puede ser el reality show Gran Hermano? Los contenidos que forman parte de la cultura de masas no se deben dejar de estudiar bajo ningún concepto, porque éstos siguen siendo cultura. Es interesante atender a las palabras de Huyseen (2002) el cual asegura que mientras que el modernismo oculta su envidia hacia la vasta penetración y alcance de la cultura de masas detrás de una pantalla de condescendencia y desdén, la cultura de masas, cargada de culpa, desea esa dignidad de la cultura seria que siempre la esquiva.  

    Kolter (2011), cita en su presentación a Grossberg, Nelson y Treichler; los cuales dicen que los estudios culturales son un campo interdisciplinar,  transdisciplinar y a veces contradisciplinar, que actúa en medio de la tensión de sus mismas tendencias para acoger un concepto de cultura que sea amplio y antropológico y, a la vez, restringido y humanista. (…) Están constituidos por metodologías declaradamente interpretativas y valorativas, pero a diferencia de lo que ocurre en el campo humanista tradicional, rechazan la coincidencia de “La Cultura” con la alta cultura. Sostienen que todas las formas de producción cultural necesitan un estudio que avance en relación con otras actividades culturales y con estructuras históricas y sociales. Los estudios culturales se han comprometido con el estudio del inventario completo de las artes, creencias e instituciones de la sociedad, al igual que de sus actividades culturales“.    

    Respecto al último punto, y centrándonos en el caso español, podemos fijarnos en la famosa del corazón Belén Esteban, también conocida como “La princesa del pueblo”. Es redundante y generalizada la idea de telebasura; en la que se incluyen los espacios donde aparece Esteban. Pero ¿acaso estos contenidos, no tienen derecho a existir y además, contar con ciertos personajes normalmente populares y conocidos por participar en realitys, u otros programas de telerrealidad; que llegan a conectar con ciertas clases populares? Atendiendo la publicación de Martínez-Salanova (2003), aporta que es la televisión la que incide realmente en la sociedad, la que con mayor fuerza aporta cultura y costumbres, creando movimientos de opinión y de comportamiento. Fenómenos como los de Operación Triunfo, o Gran Hermano, son característicos del negocio televisivo. En cuanto al cine, nuestros jóvenes se pegan más a las series de televisión ya sea nacional o norteamericana que a una película, que no deja de ser un espectáculo pasajero. Es la televisión, donde los jóvenes ven el cine, la que realmente integra y desintegra los valores culturales, la que repercute en la vida ciudadana y la que, por ende, incide en los cambios culturales. Alrededor de la televisión se crean además modelos familiares de comportamiento, pues tanto le sirve a un joven de modelo humano el protagonista o la protagonista de una serie juvenil como ver a su padre todo el día pegado al televisor, adicto al fútbol o dominando el zapping. Martínez-Salanova, realza la importancia de la televisión por ser, hoy en día la mayor ventana general y referencial de cultura popular; incluso el propio cine, el cual deja de ser rentable para las salas exhibidoras cinematográficas, y comienza a ganar valor en la emisión televisiva. Es por ello que resulta indudablemente necesario estudiar la cultura popular en términos televisivos; sin exonerar la función primordial que tiene también el cine como transmisor de cultura popular.  

    La industria cultural, según Adorno1 (1963)  y sus conclusiones pesimistas tanto para el arte elevado como para el vulgar; no es más que la premeditada integración de sus consumidores. Impulsa y violenta asimismo una reconciliación entre el arte elevado y el arte bajo, separados durante miles de años; una reconciliación que perjudica a ambos. El arte elevado es privado de su impronta formal y grave porque su efecto es ahora programado. Y el arte bajo es encadenado y privado de la indócil resistencia que le era propia cuando el control social no era aún absoluto. Se refiere entonces que el arte en el sentido tradicional se ha vuelto hoy inconcebible (Huyssen, 2002).  Respecto a las palabras recogidas por Huyssen sobre Adorno, me gustaría citar un fragmento de Bordieu recogido en su ensayo Sobre la televisión. Utilizaremos el medio televisivo para ejemplificar globalmente todas las críticas hacia los medios culturales de masas. El sociólogo francés asegura que la televisión, atendiendo a ésta como ese arte bajo del que habla el teórico alemán, la cual forma parte de una industria cultural de masas; produce dos efectos.  

    “Por un lado rebaja el derecho de entrada en un número determinado de campos, filosófico, jurídico, etcétera: puede consagrar como sociólogos, escritores o filósofos a personas que no han pagado el derecho de entrada desde el punto de vista de la definición interna de la profesión. Por otro, dispone de los medios para llegar al mayor número posible de personas. Lo que me parece difícil de justificar es que se utilice la amplitud de la audiencia para rebajar el derecho de entrada en el campo. Me objetarán que estoy haciendo un discurso elitista, que defiendo la ciudadela asediada de la alta ciencia y la alta cultura, o incluso que se la estoy prohibiendo al pueblo (al tratar de prohibir la televisión a aquellos que se erigen a veces en portavoces del pueblo, con sus retribuciones desorbitadas y sus trenes de vida espeluznantes, so pretexto de que saben hacerse oír por el pueblo, hacerse plebiscitar por los índices de audiencia). De hecho, lo que defiendo son las condiciones necesarias para la producción y la difusión de las creaciones más egregias de la humanidad. Para evitar la alternativa del elitismo y la demagogia hay que defender a la vez el mantenimiento e incluso la elevación del derecho de entrada en los campos de producción.”  

    De nuevo podemos volver a leer casi la misma idea que encontramos en Dialéctica de la Ilustración pero algo más actualizada por el sociólogo francés; y es que los sueldos de los trabajadores de los medios son duramente criticados; por el simple hecho de estar cobrando de la audiencia masiva generalmente de clase media o media-pobre. Por suerte, aquí no se ha podido achacar a las subvenciones; si no tenemos en cuenta la televisión pública, argumento que sí se utilizaba para desbancar a los directores de cine en los años 40. Bordieu dice que el funcionamiento de la televisión no nos hace pensar que es un medio poco recomendable, sino que como tiene influencia está afectando a otras áreas de la cultura. Si seguimos trabajando sobre el texto de Bordieu, podemos observar otras ideas como que la televisión es un peligro para la producción cultural, además de un peligro para la vida política y la democracia (argumento que entronca claramente con Adorno y Horkheimer), ya que en el cambio de noción de la participación, la televisión ejerce como peligro pues siempre funciona pensando en la gran audiencia. Además se realiza una gran crítica parecida a la de los teóricos alemanes, donde se dice que los contenidos de televisión funcionan en una lógica de competencia; haciendo que éstos se simplifiquen reconvirtiendo la fórmula que está obteniendo mayor éxito, esta crítica es enormemente similar a la repulsa que proporcionaban Adorno y Horkheimer en cuanto a los contenidos radiofónicos, los cuales eran redundantes y vulgarmente similares entre todos ellos. Pero quizás lo que más nos llame la atención es que para él, la televisión debería ser una herramienta informativa, algo que se contradice con otras opiniones como que la televisión debería llegar al gran público sin discriminación alguna, teniendo una gran atención con las minorías sociales. ¿No es verdad, que si el medio televisivo fuese únicamente una herramienta informativa, sería totalmente imposible que éste llegase al gran público?  

     

    1.  La ejemplificación de un género como característica esencial de la cultura popular: 

    El caso del reality show Gran Hermano.  

    Todos sabemos que los contenidos son la esencia de la industria televisiva.  El problema de la televisión generalista es que ésta debe satisfacer a los gustos y necesidades de un público muy amplio, y, tal como decía Adorno y Horkheimer; producir contenidos muy similares entre sí. Pero aun así, no cabe duda de que los programas cuyo objetivo es entretener son los que cosechan mayor número de espectadores.  

    Centrándonos en el ejemplo que queremos desarrollar, creo que debemos partir de un elemento tan básico como los presentadores del reality; cruciales para conectar con la audiencia y conseguir fieles seguidores.  

    Y es que, aunque el elegido para presentar Gran Hermano había sido Paco Lobatón, éste rechazó la oferta al estar trabajando en Canal Sur en ese momento, así que finalmente la elegida fue la querida Mercedes Milá. La presentadora, únicamente mantiene rechazo en el público más joven; ya que para el resto de los target resulta insustituible en el programa, valoran su implicación y su experiencia y, en ningún caso, genera el mínimo rechazo (López, 2010). Además la autora aporta que según Sánchez Tena, subdirector general de GECA, empresa que realiza cada año una macro encuesta de 3200 entrevistas sobre la valoración que los españoles dan a los personajes de la televisión, “Mercedes Milá siempre ha ocupado una posición prevalente entre las preferencias de los ciudadanos, con una evolución que ha ido año tras año al alza.   

    Es por ello, que no cabe duda de que Mercedes, por su forma de ser, vestir y actuar, mantiene una empatía única con el público; su manera de hablar es incluso vulgar en ciertos momentos, o, al menos, es bastante coloquial, lo que la convierte en una persona cercana al gran público, el cual bebe de una cultura popular cada vez más difusa dados los numerosos contenidos de diferentes medios.  

    Para analizar en profundidad este formato exitoso televisivo, me gustaría tener en cuenta las palabras de García (1987); el cual dice que “también hay que estudiar de qué manera la cultura masiva se enriquece con la popular tradicional, usando dispositivos de enunciación, narrativos, estructuras melodramáticas, combinaciones de la visualidad y el ritmo tomados del saber que los pueblos acumularon: estoy pensando en los programas de televisión o los videoclips, cuyo éxito se basa en el uso simultáneo de los descubrimientos de juegos visuales y ritmos populares, del cha-cha-cha al rock, para satisfacer las necesidades de espectacularidad y entretenimiento de los medios masivos.”  

    Tras esto, podemos hacer una reflexión y pensar…¿qué es lo que Gran Hermano ha cogido de la cultura tradicional? ¿Cuál es el ingrediente que tanto atrae? Está claro, que en nuestra cultura el cotilleo ha estado al orden del día; en los pueblos todo el mundo sabe la vida de cada vecino. Además, nos encanta participar en eventos donde seamos los protagonistas; ya no nos gusta venerar a personajes cultos, ricos, guapos y famosos; ahora queremos ser nosotros los que salgamos en los medios con los que nos identificamos la mayoría; televisión, radio y prensa escrita. Creo que todas las abuelas guardan el recorte de periódico que salió en la última página del diario comarcal en una esquina inferior donde aparecemos sus hijos o sus nietos por algún logro deportiva sin relevancia. ¡Nos gusta ser el centro de atención! Big Brother se dio cuenta de nuestra necesidad; se implantó en nuestras casas en el 2000; y desde entonces no se ha ido de nuestra vida.  

    Gran Hermano nos facilita el ser cotillas sin que recibamos crítica alguna, podemos practicar el tan querido voyeurismo que antes realizábamos clandestinamente con nuestros vecinos. Pero además, no solo podemos espiar incansablemente sino que además también podemos formar parte del concurso e incurrir en la vida de los concursantes; votándoles, queriéndolos o echándolos a la calle. Se decide presuntamente el ganador y eso realza la figura de empoderamiento a la que quieren ascender desde hace ya muchos siglos las clases populares.  

    Además, los personajes, estaban milimétricamente seleccionados, y el equipo admite que uno de los sistemas de selección era sin duda encontrar a la persona más carismática de los pueblos y ciudades principales. Los que han seguido Gran Hermano desde la primera edición, han podido comprobar que los concursantes eran gente sencilla, bastante representativa de la calle; y aunque ahora los participantes entren con aspiraciones distintas como fama  o dinero, suele ser gente normal, prototipos definidos que, aunque no conozcamos a alguien de nuestro entorno así, sabemos que existen y que la sociedad empieza a aceptar ciertos roles.  

    Por ejemplo; la entrada a la casa de Gran Hermano de transexuales, gays y lesbianas, abrió la veda en una España aún bastante conservadora y estancada todavía en la transición eterna a la democracia. Recuerdo que fue escandaloso cuando Amor, concursante de la novena edición desveló que era un hombre y no una mujer como aparentaba; esto quizás nos resulte algo incluso normal si vemos Todo sobre mi madre (1999) de Almodóvar (descontextualizada), o si seguimos Orange is the new black (Kohan, 2013).   

      

    Concluyendo, Gran Hermano ha aportado al gran público una continua identificación con los concursantes, los cuales representaban prototipos de toda índole dentro de la cultura popular, haciendo partícipes a la audiencia; a ésta se le otorgaba algo tan importante como poder de decisión, algo que hasta los 80, los españoles, casi ni sabían lo que significaba. Es por ello, que partiendo del ejemplo creo necesario realizar estudios abarcando la cultura popular como tema central, si bien partiendo de los medios de comunicación de masas; éstos pueden ser criticables; también nos darán la opción de estudiar una evolución socio-histórica de un país a partir de algo tan simple como un formato televisivo.  

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

      

    1.  Bibliografía.

      

    ADORNO, Theodor; HORKHEIMER, Max. Dialéctica de la Ilustración.   

      

    BORDIEU, Pierre. Sobre la televisión. Anagrama: Barcelona, 1997.  

      

    GARCÍA CANCLINI, Néstor. Ni folklórico ni masivo ¿qué es lo popular? Diálogos de la comunicación: Perú, 1987. Disponible en http://www.perio.unlp.edu.ar/expotesis/doc/doc_recomen/Garcia_Canclini_Ni_folckorico_ni_ma sivo_que_es_lo_popular.pdf Recuperado el 10/12/2014  

      

    HUYSSEN, Andreas. Después de la gran división: Modernismo, cultura de masas, posmodernismo. Adriana Hidalgo Editora: Buenos Aires, 2002.  

      

    KOLTER, Rubén. Teoría de la Comunicación I. (2011).  Recuperado el 22/11/2014 en http://slideplayer.es/slide/1022365/   

      

    LÓPEZ, Elisabeth. Gran Hermano y ahora… ¿qué?. Protocolo: Oviedo, 2010.  

      

    MARTÍN-BARBERO, Jesús. De los medios a las mediaciones. Recuperado el 06/11/2014 en http://www.encuentrodefilantropos.com/conversatorios/Pueblonacionesyculturas.pdf   

      

    MARTÍNEZ SALANOVA, Enrique. El valor del cine para aprender y enseñar. Comunicar: revista científica iberoamericana de comunicación y educación. Huelva 2003, n. 20, p. 45-52. Recuperado el 14/11/2014 en http://www.uhu.es/cine.educacion/articulos/valor_cine_aprender_ensenar.htm  

      

    SANTANA, Gilda. Diez años en Gran Hermano. Diario de una guionista. Anaya: Madrid, 2011.  

     

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