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Nepal: Después del terremoto
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Blog Nepal: Después del terremoto - Manu López

Manu López

Manuel López lleva viajando sin cesar veinte años: travesías océanicas en velero, viajes en moto o a pie. Sobre todo he vivido en muchos sitios (Brasil, Venezuela, Etiopia, Uganda, Sudáfrica,…) y estudio cualquier idioma a mi alcance para entrar en las culturas que atravieso (Árabe, Lingala, Olugan...

Sobre este blog de Internacional

El gallego, de visita en una de las zonas más afectadas por el terremoto de Nepal, inicia una campaña para conseguir ayuda. Sirva este espacio para colaborar. Este blog reproduce textos enviados por él desde la zona así como algunos de su perfil de Facebook


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  • 30
    Abril
    2015

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    Una historia de monstruos

    Una historia de monstruos

    Esta es una historia de Monstruos. El primero en llegar fue el Monstruo que anida bajo la montaña. Después llegó el Monstruo de la Burocracia, ese invento moderno, y consigo trajo a los de la Avaricia, la Inacción, el Miedo y la Mentira. Por encima de todos el Monstruo de la Miseria y el Hambre. Tenemos un héroe a su altura. El pueblo de los Gorkha, héroe y mártir, hogar de guerreros. En las leyendas vencían los héroes, al menos en las de antes.

    Los primeros días nos sorprendió que apenas llegase la ayuda. Nadie sabe de nosotros, pensamos, las carreteras estarán cortadas, se decía. Algún helicóptero sobrevolaba Gorkha. Recuerdo la ilusión cuando se vieron más helicópteros en el cielo, la sala de quirófano montada en el hospital local, las caras nuevas, las noticias de MSF perdidos en algún lugar, y por todas partes los pequeños grupos humanitarios Nepaleses queriendo coordinarse y actuar con urgencia, poner aldeas con necesidades y prioridades en el mapa, repartir alimentos, construir refugios, atender sanidad y salubridad. También fue entonces cuando llegaron camiones con comida desde todas las esquinas del país.

    Duró un día. Llegó la niebla y el mal tiempo. Los helicópteros pararon. Frío, tormentas, hambre, miseria. Siguieron los terremotos y el miedo. Regresó el buen tiempo y no regresaron los helicópteros en el cielo. Se dijo que no había suministro, pero la realidad es que no se quiso pagar el precio del combustible. Según me cuentan compañeros de TF1 Francia mientras están en pleno vuelo en un Helicóptero Indio éstos se dan media vuelta y les dicen que se vuelven a Delhi. Tampoco quieren al ejército Chino aquí. Tal vez les dé por invadir el país, sobre todo ahora, que está tan bonito. Esas cosas pasan. El grupo de rescate alemán llegó un lunes y se fue un viernes, de brazos cruzados en un hotel local. Los cinco bomberos polacos llegaron sin saber ni dónde estaban ni dónde iban. El ejército suizo no consiguió autorización para volar. Los médicos de Lands Aid desesperados sin permiso para acceder a áreas remotas. La comida, donada por el pueblo, se almacena en el DCC y sólo el gobierno puede repartirla. Los grupos humanitarios nepaleses no pueden moverse, ni se permite compartir una base de datos para ver dónde hace falta qué y cuándo. Un grupo humanitario suizo con dos Sherpas espera un helicóptero para alcanzar la región de Silka. Ellos sí lo consiguen, pero primero tendrán una dura negociación para alquilar el helicóptero. Mientras, el noventa por ciento del material (comida, tiendas, medicina) enviado desde el exterior permanece parado en el aeropuerto de Kathmandu. Esperando. No es cierto que no haya más tiendas en Nepal, están en el aeropuerto. No es un problema nuevo ¿No es acaso más dramático ver que los seres humanos son incapaces de ayudarse, de entenderse, a que nos toque un pobre terremoto sin intención, que venía a pasar por aquí, casi sin querer? El gobierno repite el mismo mensaje. Hay comida, los heridos han sido evacuados, tal vez falte alguna tienda, no faltan voluntarios.

    Sin embargo en la montaña sigue el frío y sigue el hambre y siguen los muertos entre los vivos y los vivos entre los muertos. Las cifras aumentan y no se ajustan a las oficiales. Contamos muertos cómo si fueran mercaderías, a puñados, mil de esto, mil de otro. Diez mil también podemos. Después habrá que empezar a contar las muertes del segundo terremoto, el que empieza en unas semanas, en unos días, el que ya está llegando. El primero vino sin aviso pero el del hambre y la miseria, el de la epidemia, éste viene de romería.

    Hailie Selassie, el gran sátrapa que tuvo la ingeniosa idea de autocolonizarse, no inventó el sistema pero le puso nombre: la teoría del fardo. Al pueblo hay que cargarlo con los fardos suficientes para que tenga el aliento justo para rebuznar. A Nepal le han caído unos cuantos, y con los millones de ayuda que se esperan, una lotería para los que regentan el chiringo.

     

     

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