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Blog La Puerta de Damasco - Guillermo Juan Morado

Guillermo Juan Morado

Dr. en Teología. Licenciado en Filosofía.

Sobre este blog de Sociedad

Un blog para abordar asuntos de Religión relacionados con la actualidad.


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  • 13
    Noviembre
    2013

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    ¿Sumisos? La "novedad evangélica"

    (A propósito de la polémica sobre un libro reciente)

     

     

     

     

     

     En la Carta a los Efesios San Pablo parte de los planes eternos de Dios para ayudar a los creyentes a profundizar en el misterio de Cristo y, en conformidad con la lógica de la Encarnación, no se olvida de dar consejos concretos sobre el comportamiento de los cristianos. Nuestra vida viene de Dios, pero Dios no está lejos, es un Dios cercano, que nos sale al encuentro en la cotidianidad de nuestras vidas.

     

    La fe ilumina la existencia, proyecta su luz sobre las realidades humanas para esclarecerlas, purificarlas y elevarlas. Con una formulación que desagradaría profundamente a Nietzsche, que no veía en ello más que una "moral de esclavos", negadora de la vida, San Pablo dice: "Sed sumisos unos a otros en el temor de Cristo" (Ef 5,21). Pero la sumisión paulina no es la esclavitud atisbada por Nietzsche.

     

    El modelo moral, para un cristiano, es Cristo. Y Cristo no ha negado la vida, sino que la ha afirmado, aunque el camino que conduce a la vida, a la auténtica vida, resulte para unos ojos descreídos un tanto paradójico: "Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará" (Mc 8,35). Perder y ganar. No se pueden entender estas palabras desde la dialéctica del amo y del esclavo, sino desde el modelo de un Dios que se hizo hombre para reconciliar a los hombres con Dios y para que los hombres, finalmente, por gracia, pudiesen ser semejantes a Dios.

     

    El cristianismo, decía Benedicto XVI, no es un no. Es un . "El cristianismo, el catolicismo, no es un cúmulo de prohibiciones, sino una opción positiva. Y es muy importante que esto se vea nuevamente, ya que hoy esta conciencia ha desaparecido casi completamente", comentaba en 2006 en una conversación con periodistas alemanes. El no está siempre a favor de un mayor. Aquí reside la clave de la aparente paradoja de Cristo, en la que la Resurrección triunfa sobre la muerte asumiendo la muerte.

     

    "Sed sumisos unos a otros", pero no de cualquier modo, sino "en el temor de Cristo". No cabe un planteamiento más igualitario que el que brota de reconocer a un Señor común que no nos esclaviza, sino que, pasando por encima de cualquier convencionalismo, nos otorga una nueva dignidad, la de los hijos de Dios: "No hay judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gál 3,28).

     

    No es posible aislar de estas referencias las observaciones que San Pablo hace sobre el comportamiento de los esposos. Lo que Dios ha querido para Adán y para Eva, para el hombre y la mujer unidos en matrimonio, encuentra su cumplimiento perfecto en la unión entre Cristo y la Iglesia.

     

    Juan Pablo II, comentando Efesios 5,22, insiste en la "novedad evangélica": "mientras que en la relación Cristo- Iglesia la sumisión es solo de la Iglesia, en la relación marido-mujer la 'sumisión' no es unilateral, sino recíproca. En relación a lo 'antiguo', esto es evidentemente 'nuevo': es la novedad evangélica" (Mulieris dignitatem, 24).

     

    Y añade: "Todas las razones en favor de la 'sumisión' de la mujer al hombre en el matrimonio se deben interpretar en el sentido de una sumisión recíproca de ambos en el 'temor de Cristo'. La medida de un verdadero amor esponsal encuentra su fuente más profunda en Cristo, que es el Esposo de la Iglesia, su Esposa".

     

     

    Guillermo Juan Morado.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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