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Blog ¿Hay vida en Marte? - Jorge Fauró

Jorge Fauró

Jorge Fauró nació en Madrid en 1966. Es periodista. Subdirector de INFORMACIÓN

Sobre este blog de Cultura

Acordes y desacuerdos y otros cantos de sirena.



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  • 11
    Mayo
    2016

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    AC/DC en Sevilla, la redención de Axl Rose

    AC/DC en Sevilla, la redención de Axl Rose

     

    Estación Madrid – Atocha, mediodía del martes 10 de mayo de 2016. El AVE con destino a Sevilla se despereza suavemente sobre las vías con rumbo a una cita con la historia del rock and roll, la que horas después situará en el escenario del estadio olímpico de La Cartuja a lo que queda de AC/DC con el líder de Guns 'n' Roses, Axl, sustituto de Brian Johnson. Aquejado de una sordera que parece haberlo alejado sine die de las actuaciones en directo, la banda australiana ha decidido sustituirlo por un vocalista distinto, bien conocido, una buena voz, sin duda, pero que despierta toda suerte de sospechas entre los fans del grupo y el recelo absoluto de los más puristas, aquellos que 30 años después continúan digiriendo que Johnson ocupara el puesto dejado por el fallecido Bon Scott.


    Para éstos últimos, el cambio de Johnson por Scott tenía un pase. Con el primero, y nada más morir Scott, AC/DC acabaron construyendo Back in black, uno de los grandes trabajos de la historia del rock, lo que acabó redimiendo de la hoguera a ese grandullón con pintas de camionero ataviado con su eterna gorra y vaqueros, un tipo corriente al que te puedes encontrar en cualquier bar bebiendo una pinta tras otra.

     

    Pero Axl Rose no es lo mismo, ojo, es más, el de Guns 'n' Roses constituye la antítesis de Johnson. Rose es un típico cantante de rock americano, de melodía fácil, que se contonea al cantar, deseo inalcanzable que exuda sexualidad, líder incapaz de sostener las veleidades tóxicas del resto de su banda, cuyos fans tararean con la misma pasión Sweet child o' mine que un tema de los Hombres G. En Sevilla, como dos días antes en Lisboa, Axl se enfrenta cara a cara a la secta, a la legión que ha hecho de la pasión por AC/DC un modo de vida, a quienes no se cansan jamás de explicar que Angus y compañía no componen una banda de heavy metal, ni siquiera de hard rock, sino que simple y llanamente hacen rock and roll tocado por armonías de boogie y compases de blues a muchas más revoluciones, filtradas por el tamiz de la guitarra más afilada y precisa que ha conocido la música.

     

    La Gibson SG de Angus Young no es un simple instrumento de cuerda, es una arma de guerra capaz de hacer trizas cualquier patrón musical. En cualquier lista a menudo aparece Jimi Hendrix como el mejor guitarrista de todos los tiempos. Resulta imposible resolver el dilema de quién es mejor de los dos, pero estoy seguro de que si Hendrix no hubiera muerto a los 27, Angus podría esta a su altura y tratarle de tú.

     

    El AVE Madrid – Sevilla parece un tren especialmente fletado para el gran acontcimiento. No hay vagón del convoy que no siente a dos tercios de los pasajeros enlucidos en camisetas de AC/DC. Se mezclan con ejecutivos de traje y corbata que hacen a diario el trayecto y el contraste es peculiar. Tipos duros entrados en la cincuentena con camisetas de las últimas giras sentados junto a hombres y mujeres de traje a medida aporreando el teclado de un portátil o revisando documentación de algún asunto jurídico.

     

    Tenemos la suerte de sentarnos muy cerca de uno de esos primeros, un militante de la secta que acaba de ver el estreno de Axl Rose en Lisboa y que seguirá a la banda por toda su gira europea. Los ha visto decenas de veces, pasa de los cincuenta y ha vivido en Australia, y no por capricho, sino siguiendo a su banda. Lleva tatuada en una pierna la cara de Angus de la portada de Highway to hell y exhibe estampado en la camiseta el rostro de Bon Scott. Es tan ortodoxo que con el tiempo se acostumbró a la voz arenosa de Brian Johnson, pero sospecha de Axl Rose. “A ver, él no tiene la culpa, pero verle ahí sentado en esa silla sobre el escenario, con todas esas cruces colgadas, los dedos llenos de anillos que parece Sara Montiel. Lo hace bien porque sabe cantar, pero eso no es AC/DC”, sentencia.

     

    Él y su compañero de asiento suman cerca de medio millar de actuaciones del grupo por todo el mundo, y, como muchos fans, estuvieron tentados de devolver la entrada al enterase de que Axl Rose era el elegido. Pero claro, “hay que verlo para luego poder opinar”.

     

    Desde Sevilla, las noticias no son buenas. Un potente aguacero amenaza la segunda actuación de la gira europea del Rock or bust world tour. A la hora de comer, sobre la capital andaluza está cayendo el diluvio. Por teléfono móvil, a centenares de asistentes al concierto les comienza a llegar una imagen de Axl tomada esa misma mañana en el centro de la ciudad, en pie y con la pierna izquierda bien amarrada con una suerte de sujeción que debe permitirle poder actuar con normalidad hacia mitad de gira. Hoy, como en Portugal, lo hará sentado. En su cuenta de Twitter alaba las delicias de la gastronomía local. Normal, estás en Sevilla, chaval.


    Si uno se pone a pensar lo que pasará por la cabeza de Axl Rose, sólo el hecho de salir a ese escenario ya representa un gesto de heroicidad. Para empezar, va a enfrentarse a un público que le está esperando y que no es de los suyos. La épica de AC/DC frente al postureo para heavies pijos de Guns 'n' Roses. Nunca he sido fan de su grupo, pero admito que Appetite for destruction es un gran álbum. Si esto fuera fútbol, Guns 'n' Roses habrían ganado varias veces la Champions, pero ahora se trata del Mundial, y AC/DC son el equivalente a Brasil, y a Axl le toca cantar las canciones con las que posiblemente creció como adolescente. Aquí no vale salir en pantalón corto y contonear la cintura; a su lado no está Slash, sino el mismísimo Angus Young. Es como actuar con Keith Richards o Jimmy Page a unos pocos metros de ti. O lo haces bien o la historia te juzgará ad eternum. Ojo, esto no es una banda de rock and roll, es la banda de rock and roll, y su espectáculo sólo es comparable al de los Stones o a los montajes de Led Zeppelin.

     


    Y Axl cumple de sobra. Pletórico de voz tras el rodaje con su propio grupo por tierras americanas, el autor de Welcome to the jungle lo borda de verdad. Más le vale. No le queda otra. O se corona o desciende directamente por la autopista hacia el infierno. Nada más descerrajar Rock or bust y luego Shoot to thrill, la secta comienza a aceptarlo y le reconoce no sólo las notas a las que es capaz de llegar, sino el hecho de hacerlo sentado, un don que por aquello de manejar la respiración y conducir la voz desde el estómago está reservado a gargantas prodigiosas como las de Lole (la de Manuel) o el mismo Camarón. Hay que saber cantar muy bien y controlar los agudos para dominar de principio a fin piezas como Back in black, Thunderstruck o You shook me all night long. Se atreve incluso con llevar a su terreno Highway to hell. Si la caga en el clásico será una herejía y será hombre muerto. Pero no, el tío se sale. Sobresaliente para Axl Rose.


    Y matrícula de honor para Angus Young. Con 61 años, este genio menudo disfruta sobre el escenario como el personaje del colegial que lleva interpretando desde mediados de la década de 1970. Resulta apabullante verle correr, ejecutar el paso de pato de T-Bone Walker y Chuck Berry mientras puntea, contemplar con cierta angustia como va sumando kilómetros a lo largo de dos horas sin desfallecer un segundo, otear su cuerpo pequeño girando sobre sí mismo en el suelo sin fallar una sola nota. Y sobre todo, gozar con el solo de guitarra de 16 minutos de Let there be rock que te hace dudar entre Jimi Hendrix y él.

     

    Angus es un espectáculo, y la ausencia de Brian le obliga a ir más allá del 100 por cien de la energía que gasta en cada actuación. Mientras se le observa con la boca abierta de admiración, uno concluye que hay AC/DC para rato.

     


    Visto lo de Sevilla, a uno le gustaría que volviera Brian Johnson, pero es justo reconocer que a la cuarta canción la grada y la pista dejaron de examinar a estos nuevos AC/DC para entregarse al deleite de algunas de las mejores canciones de todos los tiempos, con sorpresas incluidas, como Rock and roll damnation o Riff raff, que no interpretaban en directo desde 1979. Cuando el show acaba, la unanimidad es total: durante muchos años más queremos seguir escuchando aquello de For those about the rock, we salute you.

     

    AC/DC en Sevilla, la redención de Axl Rose

    AC/DC en Sevilla, la redención de Axl Rose

     AC/DC en Sevilla, la redención de Axl Rose

    AC/DC en Sevilla, la redención de Axl Rose

     

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