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Blog de festas e orquestras.


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  • 09
    Diciembre
    2015

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    ¿Un pacto antinatura?

    Puestos a plantear hipótesis, cabe pensar en la posibilidad de un extraño pacto Ciudadanos-Podemos. Se trataría de una alianza antinatura, de difícil encaje desde una perspectiva ideológica. Podemos se sitúa a la izquierda del PSOE y Ciudadanos coquetea con un centrismo reformista refractario a los postulados anticapitalistas del partido de Iglesias. Por otro lado, las dos formaciones mantienen posturas opuestas en lo que afecta a la definición de la soberanía nacional y cómo afrontar el “proceso” catalán. Si para Iglesias la única solución al independentismo pasaría por un referéndum pactado a la escocesa, los de Rivera sostienen –y llevan haciéndolo una década- exactamente lo contrario. ¿Podrían trabajar juntos Ada Colau y Juan Carlos Girauta? ¿Mònica Oltra y Carolina Punset?

    Cuesta creerlo, al menos de entrada. Sin embargo, en estos dos últimos años ha surgido un factor nuevo en la política española, de raíz claramente postideológica, que es el choque generacional. La vieja y la nueva política también tiene que ver con una sensibilidad que ha dicho basta a determinados excesos del pasado y que exige un mayor protagonismo del ciudadano informado. Las dos palabras clave serían información y redes. Se trata por un lado de los jóvenes formados a partir de los setenta, ya en democracia, con altas tasas universitarias, y a los que la crisis les ha afectado de lleno y, por otro, de la capacidad movilizadora y crítica de las redes sociales. El sociólogo valenciano Jaime Miquel ha escrito páginas interesantes al respecto, tanto en prensa como en un libro titulado La Perestroika de Felipe VI.

    Esa sensibilidad compartida de rechazo a la casta hermana ambos movimientos de una forma peculiar. Difícilmente veremos un pacto de gobierno entre las dos formaciones –entre otros motivos, porque carecerían de fuerza para gobernar-, pero puede plantearse la posibilidad de otro tipo de alianzas, sobre todo si se abre, como resulta previsible, el melón constitucional. Pactos programáticos sobre medidas anticorrupción, restricción de privilegios, reformas de instituciones o modelo educativo resultan en gran medida plausibles. Ambos líderes, por ejemplo, podrían plantear juntos en la negociación parlamentaria una renta mínima o un complemento salarial a las rentas más bajas que llevan los dos programáticamente, aunque sea con matices muy distintos.

    Forzosamente, se trataría de una alianza estratégica de corto recorrido. Las diferencias ideológicas entre ambas formaciones son enormes y sus respectivos sustratos sociales muy distintos. Esto nos anuncia una legislatura corta en la que los nuevos movimientos jugarían el papel de acelerador de los cambios. Pero también cabe plantearse una hipótesis opuesta, aunque quizás complementaria: el PP en el gobierno y el PSOE en la abstención, con el objetivo de controlar la reforma de la Constitución y no dinamitarla. En la incertidumbre de la campaña, las posibilidades son muchas y todo dependerá de la aritmética parlamentaria y de los equilibrios de poder. O lo que es lo mismo: del sentido de nuestro voto.

     

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