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Blog de festas e orquestras.


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  • 17
    Diciembre
    2015

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    Cambios sísmicos

    La tensión de los últimos días permite presagiar cambios sísmicos para la noche del 20-D. En los cuarteles generales de los partidos se trabaja en los próximos mensajes de campaña y se siguen casi al minuto las tendencias generales de voto. Hay nerviosismo y se palpa en el ambiente. El primer debate a cuatro sólo sirvió para activar el voto a Podemos y desinflar la figura de Rivera. El cara a cara del pasado lunes nos mostró el peor rostro de la política partidista. Resulta difícil pronosticar qué puede suceder el domingo, aunque se respira una cierta atmósfera de cambio. El derrumbe de los dos partidos mayoritarios va a ser general y seguramente entre ambos no sumen ni el 50% de los votos. Cospedal sugirió anoche que, según sus encuestas internas, el PP ganaría las elecciones con al menos un 6% de votos más que el segundo. Y si pensamos que habitualmente existe a última hora un sesgo de voto que favorece al partido en el gobierno, es probable que, de aquí al domingo, dicha diferencia aumente. Además, cabe pensar que existe una bolsa de voto oculto que favorecería a los populares. La incógnita que se abre no es tanto el ganador, sino las posibilidades posteriores de alianzas de gobierno. Un apunte importante es saber con quién sumaría el PP. Si el apoyo de los diputados de Cs no fuera suficiente, ¿con quién podría gobernar? La única opción posible pasaría por una abstención del PSOE a cambio de ejercer una función tutelar en la reforma constitucional; una hipótesis que a día de hoy parece inverosímil. La segunda posición plantea otra incógnita. Andalucía constituye el gran bastión socialista y el único que le puede garantizar la segunda posición en número de diputados. La remontada de Podemos amenaza este lugar de privilegio y un eventual sorpasso provocaría un auténtico terremoto en el régimen del 78. En la pugna entre el PSOE y Podemos se juega buena parte del futuro de la democracia en este país. No se puede descartar en absoluto que, juntos, sumen el número de diputados suficientes para controlar el gobierno.

    Finalmente, el pinchazo de Ciudadanos se ha ido consolidando a medida que transcurre la campaña. Una parte de su clientela ha regresado al PP y otra puede haberse marchado al voto castigo de Podemos. La posición de Rivera a día de hoy resulta complicada. No le ha beneficiado la excesiva sobreexposición mediática previa a la campaña ni la bisoñez de algunos de sus candidatos. Su mensaje reformista penetra con fuerza en las elites urbanas y en sectores profesionales, especialmente entre los más jóvenes, pero no termina de cuajar en la España rural o entre los sectores menos dinámicos de la sociedad. Obtendrá unos resultados históricos y seguramente logre consolidarse como un partido de centro liberal, pero es difícil que opte a la segunda posición. En todo caso, el terremoto del final del bipartidismo está servido. Y la gran pregunta es de qué modo se podrán articular los nuevos equilibrios de poder.¿Con quién pactará el PSOE? ¿Y con quién podrá aliarse el PP? La nueva política tendrá que acudir en auxilio de los viejos partidos.

     

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