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  • No es culpa nuestra que comamos tan mal

    No es culpa nuestra que comamos tan mal

    Hamburguesas, pizzas, pollo frito, patatas fritas, chocolate, pasteles… ¿Por qué nos gustará tanto la comida menos recomendable para nuestra salud? Aun conociendo las consecuencias no podemos evitar pecar de vez en cuando o demasiado a menudo dependiendo del caso. Algunos se sienten culpables tras el delito, otros prefieren ignorarlo, pero que nuestra fuerza de voluntad ceda ante tales manjares está más que justificado. Somos esclavos de estos placeres sin ni siquiera ser conscientes de ello, ¿quieres saber por qué?

    La evolución tiene parte de la culpa. Como muchos animales, hemos aprendido que lo sabores amargos se asocian a menudo con alcaloides tóxicos y que la acidez puede ser síntoma de deterioro o inmadurez del alimento. Esto hace que prefiramos sabores dulces, grasientos o salados que asociamos inmediatamente con alimentos ricos en nutrientes importantes para la supervivencia.

    Hayamos pasado hambre o no en nuestra vida, nuestros antepasados sí lo hicieron y se adaptaron a la situación consumiendo alimentos altamente energéticos para poder sobrevivir. De ahí nuestra tendencia innata por la comida rica en grasa y azúcar que ahora abunda a nuestro alrededor.

    Nuestro cerebro, ebrio de placer como Homer Simpson delante de un buen chuletón, también nos traiciona y envía mensajes para que sigamos consumiendo estos alimentos. El azúcar y la grasa generan respuestas neuronales que nos tientan a ello, a la vez que debilitan las señales de saciedad.

    ¿Y cómo luchar contra el destino? Parece que no tengamos escapatoria y estemos condenados a seguir con nuestros malos hábitos de alimentación. Pero la grasa, el azúcar y la sal también tienen importantes beneficios para nuestro organismo, por lo que quizás no haya que hacerlo y baste con cambiar la comida rápida y menos saludable por una más equilibrada.

    Cambiar la hamburguesa con queso por un arroz de mariscos y las patatas fritas por una ensalada templada de gulas, pulpo y langostinos, como te invita a hacer FARO DE VIGO en el restaurante La Codorniz con una oferta de un menú de arroz de marisco para dos personas con tres entrantes, bebida y postre.

     

     

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