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ABRIMOS A MEDIODIA
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BEATRIZ AROSA

CADA DIA ME GUSTA MENOS MADRUGAR. COMO ME GUSTARÍA QUE ME TOCASE EL EUROMILLÓN!!

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EN REALIDAD, ESTE BLOG ESTÁ ABIERTO A TODAS HORAS, A TODAS LAS PERSONAS Y A TODAS LAS OPINIONES.


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  • 13
    Marzo
    2013

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    LAS OTRAS CARAS DE LA VERDAD

     

    No me gusta la gente que miente pero parándose a analizar con detenimiento el asunto, concluyo que se puede realizar cierto desglose de partidas, a saber, mentiras con agravantes o mentiras con ligeros atenuantes. 
    -      Mentiras gordas o mentirijillas que no llevan a ninguna parte. Yo puedo entender una súper-mentira que deja a salvo en la oscuridad un gran secreto familiar (nadie tiene por qué saber que en realidad tu verdadero padre se fugó con la vecina del sexto) o que te eleva a la categoría de divinidad celebrity (tipo “cada vez que gana el Madrid, Ronaldo me llama para celebrarlo y nos enrollamos hasta el amanecer”). Pero me repatean las mentiras que no llevan a ningún sitio o que no modifican en absoluto ni una secuencia del universo. Me acuerdo de un compañero que le comentó un día a su mujer “Hoy he desayunado zumo de naranja natural”. Es una tontería como una casa pero la mujer se dio cuenta porque en la basura no estaban los restos de las naranjas. Mi compañero me contó que su mujer se cabreó y discutieron, no por las naranjas, si no por la mentira. Y yo le decía :”Pero ¿por qué coño le dijiste eso si no era verdad, tonto del bote?”. “¿Le habías prometido que tomarías un zumo natural todas las mañanas?” “O acaso eres estreñido y te lo habías prometido a ti mismo?”.
     
    -      Personas que cuentan un episodio en que has participado tú, o sea, tú lo has vivido, pero lo relatan de tal forma que ni siquiera tú mismo reconoces el acontecimiento en cuestión.   Lo peor no es que se lo cuenten a terceras personas si no que te lo recuerden a ti y tú, ni flores. Por ejemplo: “¿Te acuerdas de aquel día que fuimos a aquella discoteca, que bebimos tanto, sí, aquella noche que aquel chico tan guapo estuvo detrás de mí como un loco, que después nos pagamos un taxi para volver… etc, etc?” .Y tú, atónito, piensas: “Claro que me acuerdo, pero la que se pasó la noche bebiendo fuiste tú, y aquel chico era del montón y lo perseguiste hasta la misma puerta del baño, ah, y el taxi lo pagué yo, que tú no soltaste ni un céntimo!”
     
     -      Personas que dicen cualquier cosa que se les viene a la cabeza, sea verdad o no, sin ningún interés específico de engañar o de mentir a propósito. Yo tengo una amiga de esas. Le pregunto, por ejemplo: “¿Qué hiciste el domingo?”, y ella, sin pensarlo mucho, me contesta “Nada, dormitar toda la tarde”. Al cabo de unos días (a propósito, porque ya la conozco) le pregunto otra vez “¿Qué hiciste el domingo?” y esta vez me contesta “Pues fui al cine a la sesión de 5 y después a merendar con mi prima la de Alburquerque”. Y se queda tan ancha. Y si le pido explicaciones pues me dice que se habrá equivocado o que no se acuerda.
     
    -       Personas que cuentan una mentira un par de veces y se la acaban creyendo a pies juntillas. Y pobre de ti que no tengas pruebas para refutarlas porque esa mentira acabará saliendo en los libros de Historia como hecho probado científicamente. En una ocasión, una conocida me reprochó que el día que mi hija hizo la Primera Comunión, después de la ceremonia, le quité a la niña el precioso traje blanco y le puse un chándal para el banquete. “Ha pasado ya tiempo”, le contesté, “pero me extraña mucho”. Completamente segura insistió, insistió y porfió hasta que no tuve más remedio que irme al álbum de fotos y demostrarle que estaba equivocada. Aun así, casi tuve que jurarle que no había trucado las fotos, porque es de esas personas que dice cualquier cosa que se le ocurre y después está dispuesta a mantenerla hasta la muerte (convencida además de que lo que dice es cierto).
     
    -       Sin embargo estoy a favor de las mentiras piadosas. ¿Qué mal puede haber en disfrazar un poquito la verdad si con eso evitas herir a otra persona?. Por ejemplo, si me preguntan: “¿Te parece que he engordado últimamente?” casi seguro contestaré: “Pues quizá un poco, pero no te sienta mal”  o “¿Crees que me estoy quedando calvo?”, yo diré: “Pues sí, pero hay calvos super atractivos, fíjate si no en Pep Guardiola o en Jason Statham”
     
    Y es que, como dice el proverbio, si lo que vas a decir no es mejor que el silencio, es mejor que no lo digas.

     

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