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ABRIMOS A MEDIODIA
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BEATRIZ AROSA

CADA DIA ME GUSTA MENOS MADRUGAR. COMO ME GUSTARÍA QUE ME TOCASE EL EUROMILLÓN!!

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EN REALIDAD, ESTE BLOG ESTÁ ABIERTO A TODAS HORAS, A TODAS LAS PERSONAS Y A TODAS LAS OPINIONES.


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  • 01
    Febrero
    2014

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    LAS MOTOS QUE NOS VENDEN

     

    Pues yo creo que en el tema de la moda (como en tantos otros) nos meten unos goles de escándalo. Entre otras muchas cosas me llama la atención como consiguen que una prenda que es HORROROSA, acabe gustándole a toda la población y siendo top-ten de ventas mundial.
    Voy a destacar unas cuantas.
    La primera, las chanclas de ir a la piscina, porque siempre fueron eso, chanclas de piscina o de playa, hasta que a algún listo se le ocurrió que eran “chic”, elegantes y “glamourosas”. VENGA YA!!! Aunque se fabriquen en cuero, aunque le añadan cristales de SWaroswski, y lo más surrealista, aunque le pongan tacón (que las hay, en serio, yo las he visto) son chanclas de piscina, y son horribles (no para ir a la playa, pero desde luego sí para ir a la boda de tu mejor amiga o para desfilar por la alfombra roja de los premios de la moda)
    Segundo, las Crocs. Puede haber calzado más feo pero es improbable. Cuando las vi por primera vez, pensé :”Quién recoño habrá inventado esto?”. Por supuesto, entendí que tendrían cabida en un entorno, digamos, rústico-acuático, por ejemplo, en una granja, en el campo o tal vez en los quirófanos, como material desechable.
    Por eso no daba crédito cuando vi que se ponían de moda. Que se pongan de moda, entiendo yo, significa que muchas personas creen que es un complemento aceptable, que las hace parecer elegantes, modernas, “in”. O también que “comotodoelmundolaslleva”, aunque me parezcan HORRIBLES, yo también las voy a llevar.
    Porque son feas, señoras y señores, son feas con ganas. Por más que las lleve Frank de la Jungla en sus expediciones por todo lo ancho y largo del planeta. Fíjense bien y díganme que no es lo más antiglamour que se ha visto bajo las estrellas.
    Después están los zapatos de tacón, los de mucho tacón, digo, los de tacón infumable.
    Ya he hablado en alguna ocasión de lo rematadamenteincómodos que son, y cuando digo esto siempre me encuentro con una legión de seguidoras de los tacones que me increpan: “Pues a mí me son cómodos”, o “Yo no llevaría otra cosa”, pero la verdad verdadera es que la noche de Fin de Año, en que muchas adolescentes decidieron subirse a los estiletos más altos que encontraron en las tiendas,  caminaban con tanta gracia como si fuesen elefantes borrachos, eso, las que no los habían sustituido, antes de la 1 de la madrugada por unas bailarinas a ras de suelo. Amigos, los tacones son muy, pero que muy incómodos y eso es una verdad irrefutable.
     
     
     
    Seguimos  con las famosas, pero no por ello más atractivas,  botas Ugg, que parece que son lo último de lo último y resulta que ya se llevaban en las zonas rurales de Australia en 1950. O sea, el colmo de la modernidad.
    Serán calentitas, eso sí que no lo discuto, pero feas… feas también lo son. Aunque las lleven las famosas después de bajarse de los súpertacones y antes de calzarse las Crocs, cuando vuelven de la piscina con sus chanclas tuneadas.
    ¿Y qué decir de las botas de agua? Las katiuskas de toda la vida que la marca Hunter dio en popularizar hace un par de años, con un formato idéntico a las que llevaba mi abuelo para ir a pescar. Y nada baratas, señores, porque pasan de los 100 euros, unas botas, que es verdad que son impermeables, vale, pero que te hacen sudar el pie un montón y después los llevas siempre húmedos, además de congelados. Y feas, con perdón, feas de cojones.
    CONCLUSION: Nos toman el pelo. Los artífices de la moda, nos toman el pelo y nosotros nos lo dejamos tomar. Es así de simple. Tengo yo ganas de que a alguien le dé por popularizar otra vez aquellas batas de casa guateadas, de fibra, con aquel tacto sintético,  que cuando te las ponías se te erizaba el vello, de la cantidad de electricidad estática que producían (brrr… se me ponen los pelos de punta solo de pensarlo).
    En cuanto veamos a Paris Hilton lucirla sin ningún pudor en la ceremonia de los Oscar sabremos que hemos llegado a un punto sin retorno.
     

     

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