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ABRIMOS A MEDIODIA
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BEATRIZ AROSA

CADA DIA ME GUSTA MENOS MADRUGAR. COMO ME GUSTARÍA QUE ME TOCASE EL EUROMILLÓN!!

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EN REALIDAD, ESTE BLOG ESTÁ ABIERTO A TODAS HORAS, A TODAS LAS PERSONAS Y A TODAS LAS OPINIONES.


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  • 17
    Septiembre
    2012

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    LA TECNOLOGIA Y YO 2ª PARTE

     

     

     

    A ver, yo ya me remonto a veinticinco años atrás, cuando no existían los móviles y el teléfono fijo  no tenía identificación de llamada. ¿Dónde han quedado las bromas telefónicas en las que Bart Simpson llama al bar de Moe y le pide que se ponga al aparato el señor Logordo, de nombre Cu? Yo misma, adolescente, podía llamar a mi “peor” amiga o mayor rival del colegio, colocar un pañuelo en el aricular, taparme la nariz y soltar “PETARDA, QUE ERES UNA PETARDA Y ADEMÁS TIENES EL CULO GORDO”. Después colgar, morirme de risa y volver a reírme de ella al día siguiente en el colegio. Todo eso se acabó.
     
    Después llegaron los móviles. ¿En qué punto se piensa la gente que porque tengo móvil tengo que estar disponible las 24 horas? No hay momento de paz, ni a la hora de comer, ni en la ducha, ni en el baño, ni en la siesta, ni… Pero ¿cómo se ha vivido durante décadas, señoras y señores? Pues llamabas a un teléfono fijo, si te contestaban del otro lado, bárbaro, y si no, volvías a llamar.
    Ahora no. Da igual que estés con el bocado en la garganta, que estés durmiendo o que te estés dando “el filete” con tu parienta. El móvil suena y tú vas como loco a cogerlo no vaya a ser que se hunda el país y tú no te hayas enterado.
    Pero aún hay más. Si no me entero de que me han llamado (cosa harto difícil porque el móvil me acompaña a donde quiera que vaya, repito, a donde quiera que vaya) y me encuentro una llamada perdida de un número que no conozco de nada,  me falta tiempo para rellamar y decir como un gilipollas (con perdón) : “Tengo una llamada perdida de ese número”. Pero, vamos a ver. Salvo que sea tu madre (que a una madre siempre hay que respetarla), quien recoño haya llamado ya volverá a hacerlo si quiere, si puede, o si le da la gana.
    Y luego llegó el guasáp,  vale, whatsapp, que también lo sé escribir.  Si lo tienes, no puedes ocultar que lo tienes, o sea, no puedes darle a un clik y que nadie se entere de que lo tienes, o sea, estás pillado.   Además, a los guasaperos les gusta poner una frasecita con su “estado”, que puede ser “Ausente”, “Melancólico” o en el peor de los casos “En pelotas en la playa”. Pero ¿qué coño me importa a mí el estado de ánimo o de presencia del fontanero, o de todos los papás de los compañeros de cole de mis hijos, que también tienen guasap y  que forman parte inseparable e ineludible de mi agenda o base de datos?.
    Y encima, el guasapeo es GRATIS!! Es decir, toneladas de mensajes cruzados entre millones de móviles para decirse esto (Ojo, esta conversación es real, producida entre dos adolescentes): ”¿Qué tal?”, “yo bien, y qué tal tú?, “también bien”, ¿qué haces?”, “nada, y tú?”, “yo tampoco nada” . “Bueno, pues nada”, “pues chao”, “adiós”, “después te llamo”, “vale, adiós”.
    Y, cada uno de estos mensajes, amigos, acompañado de un sonidito “ti-qui-ti-qui-ti”, no vaya a ser que te entre un mensaje y ¡horror!, no te des cuenta al instante.
    No voy a decir lo que opino de que también te tengas que enterar de a qué hora cualquier contacto de tu agenda envió el último mensaje. Señores, ¿por qué tendría nadie que saber que yo, a las 4 de la mañana utilicé por última vez el guasap? ¿Por qué? ¿POR QUÉ???
    Por supuesto, tampoco tengo Whatsapp.

     

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