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ABRIMOS A MEDIODIA
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BEATRIZ AROSA

CADA DIA ME GUSTA MENOS MADRUGAR. COMO ME GUSTARÍA QUE ME TOCASE EL EUROMILLÓN!!

Sobre este blog de Sociedad

EN REALIDAD, ESTE BLOG ESTÁ ABIERTO A TODAS HORAS, A TODAS LAS PERSONAS Y A TODAS LAS OPINIONES.


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  • 11
    Enero
    2016

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    SOCIEDAD vigo

    COMPAÑEROS DE CAMINO

    Recuerdo cuando yo empecé a trabajar en la banca, hace unos 25 años. Casi desde el primer día una compañera me acogió debajo del ala y me guió, me ayudó, me corrigió y me apoyó hasta que dejé de estar aterrorizada y aprendí a volar sola. Siempre se lo agradecí y así, de la misma forma, traté yo a todos los principiantes que cayeron en mis redes, que fueron unos cuantos.

    Ahora comienzo mi andadura profesional en otro terreno, el sanitario, y otra vez necesito que alguien me enseñe un poco el camino. Tener entre manos el dinero de un cliente es complicado y tener entre manos la salud de un paciente es peliagudo (por eso a veces pienso que lo mejor es ser jardinero o panadero, si algo sale mal, siempre se podrá reparar el daño sin pérdidas vitales ni para la humanidad ni para el bolsillo)

    En esta clínica en la que estoy tengo muchas compañeras, y, por supuesto, hay de todo, como en botica.

    Las hay, que son las más, agradables con las novatas pero sin implicarse mucho, o sea, ni te enseñan, ni te corrigen, ni sí ni no, ni blanco ni negro, hacen su trabajo y punto. A veces, incluso, ateniéndose a la ley del mínimo esfuerzo.

    Las hay, unas pocas, que son agradables y además están pendientes de ti, te ayudan, te indican, te brindan su amistad y hacen que te encuentres a gusto y agradecida. Tratan al enfermo con cuidado, con afecto y sobre todo, con grandes dosis de paciencia, que en esta profesión hace mucha, pero que mucha falta.

     

    COMPAÑEROS DE CAMINO

     

    Y después están las viejas glorias, vacas sagradas que diría mi prima, las primeras en llegar al convento, a las que le encanta dar órdenes y que se vea claramente quien es el que maneja el cotarro: “ Tú!!! Haz esto, haz lo otro, ven aquí, recoge allá…” igualito que en el servicio militar y están deseando pillarte en algún fallo para demostrar lo listas que son y lo mucho que saben “A ver!!!, esto está mal, aquello está sin acabar, esto no se hace así, no tenéis ni idea…” Taconazo en el suelo, firmes, Señor, Sí, Señor!!!!

    Estas chicas me dan mucha envidia, porque está claro que ellas nacieron aprendidas, desde el primer día se lo sabían todo todito de pé a pa y no necesitaron a nadie que las enseñara, no como yo, que soy una burra atada a un palo. ¡Qué suerte tienen algunas!

    Precisamente es de estas momias embalsamadas de quienes más se quejan los pacientes, y no es porque tarden más o menos en hacer una cama o en tomar unas constantes, sino por el inexistente trato humano.

    El mucho tiempo que llevan trabajando (supongo que será eso) las ha deshumanizado lo suficiente para realizar su trabajo como si en vez de tratar con personas tratasen con sacos de patatas, de forma brusca, tratando de acabar lo antes posible, y sobre todo, sin pizca de empatía con el enfermo, ni una palabra de ánimo, ni una sonrisa… nada. Como si descargasen cajas de un camión.

    Yo tengo una compañera, en concreto, que en el mes que llevo trabajando aun no me ha dirigido la palabra ni una sola vez. Se limita a hacer su trabajo, con cara de sota de bastos, rapidito y eficaz, pero sin mirar al paciente a la cara, no vaya a ser que se le ocurra darle ánimos o tener un gesto afectuoso, o decirle una frase de apoyo.

    A veces me dan ganas de preguntarle cómo se puede ir así siempre por la vida, amargada, porque si no le gusta el trato con otros seres humanos, bien sean compañeros o pacientes, se equivocó de lado a lado de profesión. Quizá debería hacer sido albañil, que también está muy bien pero que no tienes que esforzarte en darle conversación a los ladrillos.

    No sé cuánto tiempo duraré en esta empresa, tal y como está el panorama laboral, pero sí sé que si en el futuro me toca instruir a alguna principianta trataré de hacerlo de la forma más cercana y agradable posible, y de inculcarle que el trato afectuoso y humano a los pacientes (y si puede ser, también a sus familiares), que están enfermos y se sienten desorientados y vulnerables es el pilar fundamental en el que se apoya esta profesión. Y si no eres capaz de comprender esto, más te vale irte por donde has venido.

    Porque si llega el día en que yo misma me convierta en una momia embalsamada, prefiero recluirme en el interior de un sarcófago y dedicarme a ver pasar los milenios, rodeada de escarabajos egipcios.

     

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